jueves, 11 de junio de 2020

Que nos dice San Antonio en el 800 aniversario de su conversión


COFRADES EN EL MUNDO: La localidad toledana de Cabezamesada está ... Este año, celebrar a San Antonio nos lleva a recordar una efeméride muy importante y es el 800 aniversario de su conversión y de su llegada a Ceuta camino de evangelizar el mundo musulmán, pero que una enfermedad le llevó a no poder permanecer allí y en viaje de retorno en lugar de mandarlo a su Lisboa natal le llevó a Italia, donde la vida y misión cambió radicalmente.                                                                                              La vida de San Antonio no puede pasar desapercibida, no sólo por ser el santo más querido en todo el mundo y al que la gente llega para pedir de todo lo imaginable, además de ser un santo “interesado” ya que si no hay limosna difícilmente vamos a encontrarnos que la petición llegue a su cumplimiento. Pero ese interés no se debe entender en el sentido egoísta nuestro, sino, el modo concreto, que se ve reflejado en el cepillo de san Antonio que tanto ayuda a personas necesitadas, que paga estudios, hipotecas y sacia el hambre a muchas familias que de otra forma en este tiempo de crisis lo pasaría mal.


Efectivamente, en Ceuta se están celebrando los 800 años de su presencia allí, como digo, su tarea tenía una misión bien concreta, la de convertir a la fe católica a los musulmanes que estaban en aquellas tierras. A fin de cuentas, su deseo no era otro que seguir las huellas de Ntro. Padre San Francisco que unos años antes había llegado a Tierra Santa con el mismo fin, la conversión al Amor, de todos aquellos que no lo conocen por medio del Amor.
Recordemos  que  la  motivación  original  de  San  Antonio  de  Padua  para  unirse  al  grupo  de  los  seguidores  de  Francisco  era  la  de  verse  coronado con la palma del martirio como  aquellos  hermanos  martirizados  en  Marruecos  cuyos  restos  había  contemplado  a  su  llegada  a  Coímbra.  La  espiritualidad  del  martirio  estaba  revestida  de  una  serie  de  aspectos importantes que encontramos  frecuentemente  en el pensamiento  franciscano.
            En todo este viaje hay tres realidades que no podemos olvidar y que son lo que en los tiempos que vivimos nos deben llevar a expresar lo que somos desde la coherencia y el testimonio sincero.

En primer lugar, es verdad que San Antonio marchó a tierra musulmana a convertir a aquellos que estaban lejos de Cristo pero desde el ejemplo de san Francisco, que no es otro que el del diálogo. Diálogo, que por otra parte, no puede llevarnos a relativizar lo que somos sino a ser capaces de descubrir en el otro como su vida de fe nos lleve a ver en nosotros los grandes regalos que Dios ha derramado en nuestro corazón a través de Cristo, como nos dijo Fr. Michael Perry ofm Ministro General. El diálogo es esencial, porque nos ayuda a escuchar, pero no un diálogo de un café, sino el diálogo que comparte la experiencia del encuentro con el Creador.
            Pero ese diálogo nos lleva a repensar, como nos decía el Fr. Francesco Patton ofm Custodio de Tierra Santa en la inauguración del curso del Instituto Teológico de Murcia OFM,  cual es nuestra tarea hoy en este diálogo, en primer lugar hacer descubrir al mundo musulmán una página de  su  historia  que  le  es  poco  conocida,  pero  ante  la  cual  queda estupefacto en el momento en que la conoce. Hoy es nuestra tarea volver a proponer esta capacidad de esperar  en  la  posibilidad  del  encuentro y del dialogo, y atrevernos  a  vivirlos  en  los  ámbitos  cotidianos de la vida. No importa si somos tomados por soñadores, idealistas e ingenuos.

            El segundo elemento que debemos ser capaces de cuidar, siempre acompañando a San Antonio y como no, siendo fiel a San Francisco, la necesidad de estar formado cuando se va a evangelizar. Tras la nefasta experiencia vivida con los primeros hermanos enviados a evangelizar Centroeuropa, en el Capítulo de las Esteras, reconoce que cuando vayan a evangelizar deben ir formados conociendo las culturas de las tierras que van a pisar y sobre todo ser capaces de comunicarse en la lengua de esas gentes.
            Esta realidad se hace presente de un modo particular en aquellos que quieran ir entre sarracenos, que no vayan con ánimo de litigar sino con el deseo cierto de establecer la paz de Cristo y sobre todo la fe en la Trinidad que defiende el diálogo y la convivencia y la pobreza que se expresa en  la  libertad. Y aquí entra nuestro san Antonio que tras la experiencia fallida de poder evangelizar en tierras de Marruecos llega a Italia donde se repone de la enfermedad y cambia su decisión por dedicarse al estudio y la formación, siendo considerado por el mismo san Francisco como su “maestro”. Esta necesidad de la formación se entiende en la Orden desde sus orígenes no como acaparador de títulos que ocupa los mejores puestos en las universidades con más prestigio, sino más bien como un instrumento que ayuda a comprender las culturas ya llevar el mensaje de Cristo a todas las gentes. Por ello la Orden siempre ha entendido la presencia en Tierra Santa y en los países de misión como una evangelización a partir del diálogo con las gentes y sus costumbres.
            San Antonio en su viaje que pasa por Ceuta, nunca olvidará su deseo de evangelizar infieles y por eso los estudios y los de sus hermanos los encauza en esta dirección de la evangelización. La misión y la formación van de la mano puesto que es una  misión  que  se  caracteriza  por  un  caminar  por  el  mundo,  entre la gente, mezclándose con el  pueblo,  anunciando  la  paz,  sin  litigar  por  motivo  alguno,  sometiéndose  a  toda  criatura,  trabajando  en  cualquier  trabajo  honesto (Test 20).

            Y el tercer elemento que no es tanto fruto de este viaje sino que va insertado en la vocación franciscana de San Antonio es la búsqueda de la justicia del más indefenso, la necesidad de luchar desde lo que somos para que el pan y la justicia lleguen al más desfavorecido.
            Por supuesto que el estudio de las leyes están presentes en el santo paduano pero no podemos considerarlo un jurista, sino un hombre justo. Definición que la da el pueblo de Israel a aquellos que sin ser judíos han dado su vida por ayudar al necesitado sea de la religión que sea. Por ello, la búsqueda de la justicia es una realidad en la teología del franciscano.
            Algo intrínseco al franciscano es el no poder permanecer indiferente al que necesita un mano que ayude en cualquier situación, ya económica ya espiritual. Por eso, el compartir lo poco que se tiene con el que aún tiene menos es una necesidad en los orígenes de la Orden.
            La solidaridad y el compartir buscando no sólo el cubrir las necesidades de un modo asistencial, sino sobre todo, desde la posibilidad de ayudar al que lo necesita que pueda librarse su propio camino y dejar de tener la necesidad de que sean los demás los que le den para vivir, lo cual es otra forma de esclavitud.
           
            En definitiva en este aniversario de los 800 años de la presencia de San Antonio de Padua en Ceuta debe servirnos a los franciscanos, y en este caso, a la familia franciscana a darnos cuenta de la necesidad de un diálogo con los no creyentes desde el testimonio que se forma en las raíces de la teología franciscana y lo conduce a la ayuda aportando el pan y la búsqueda de la justicia para los más necesitados de la sociedad.

jueves, 23 de abril de 2020

LA NULIDAD MATRIMONIAL. Mitos y realidades


Cuando uno se encuentra con un libro sobre nulidades matrimoniales o en torno a alguna cuestión procesal, al abrirlo ya va pensando que es un libro denso, difícil de leer y que deberé hacer un esfuerzo para “traducir” para los que no están habituados al derecho, dicha obra para que se puedan acercar a ella y poder entenderla.
Sin embargo, con este libro es casi al contrario, posiblemente yo me haré más complicado de entender que la buena pluma de la autora que ha hecho de algo complicado, fácil de entender.
Nos encontramos con una obra que, como bien indica desde el principio, tiene su base en unos apuntes de clase, lo cual hace que la sistematización de la obra sea clara, no se difumine en elementos oscuros o confusos sino que cada paso y explicación que da es una invitación a seguir adelante en el contenido de la misma.
La autora, conocedora de la temática por haber desempeñado las tareas de Defensora del vínculo en el Tribunal Eclesiástico Metropolitano de Madrid, y fundadora del centro de orientación familiar y personal Coincidir, nos hace un relato que puede ser usado para todos aquellos que sin grandes conocimientos de la materia colaboran o pueden hacerlo en los procesos matrimoniales, tal y como nos indica el Motu Proprio Mitis Iudex Dominus Iesus, cuando habla de la investigación previa y de los mismos operarios de los tribunales que en muchos casos no han estudiado derecho canónico y sí mucho eclesiástico.
La estructura del libro consta de dos partes y una serie de anexos bastante completos en el conjunto de la obra.
La primera parte, la autora nos habla del matrimonio, resaltando los elementos antropológicos, como se encuadra dentro de una unión basada en el amor, elemento que no puede ser judicializado, pero que ayuda a otros conceptos afines a él, a probar la validez o nulidad del matrimonio.
Como no puede ser de otra forma, la autora recupera los elementos que permiten a la Iglesia legislar sobre esta materia en relación a sus súbditos, pero sobre todo por la necesidad de regular las relaciones personales que son las que constituyen el matrimonio. Y todo ello se lleva a cabo desde el convencimiento de que la libertad es el fruto de la unión de la voluntad de los contrayentes, en definitiva es la libertad de las personas lo que constituye el matrimonio realizado desde la libre voluntad de las dos personas que dan su consentimiento, no un regalo ni una generosa dádiva ni del Estado ni de la Iglesia.
Tras ello, y de una manera concisa y clara la autora hace un repaso a los requisitos para que podamos hablar de la validez del matrimonio, tales como que sean personas hábiles jurídicamente, es decir que nada se lo prohíba; un matrimonio rato y consumado; que este presenta la sacramentalidad del mismo en la decisión de los contrayentes y lo que puede ser interesante, como decíamos anteriormente, a la hora de aclarar conceptos, el que nos hable y aclare la diferencia entre matrimonio nulo, separación y divorcio.
Una vez sentadas las bases antropológicas y sociológicas del matrimonio la autora entra en lo que será el preámbulo de la segunda parte, nos habla de dos preguntas que cualquiera que piense iniciar un proceso de declaración de nulidad matrimonial se hace: porque iniciarlo y sobre todo cual debe ser la actitud que las personas deben tener a la hora de acudir al tribunal para iniciar el proceso, por supuesto una de las recomendaciones que hace es que no se deje pasar mucho tiempo desde el momento de la ruptura, y que se acerquen desde la sinceridad y la verdad.
Y unido a cuál debe ser la actitud, viene muy bien que se explique que son los tribunales eclesiásticos y quienes lo forman, así como los plazos, los costos de un proceso e insistiendo en la necesidad de la presencia de jueces y miembros del tribunal suficientes para cumplir los plazos requeridos, lo cual no cabe duda que ayudaría a que todo el proceso sea mucho más ágil tal y como nos pide el Papa Francisco en el MIDI.
La segunda parte del libro lo dedica la autora a desgranar en que consiste un proceso de nulidad matrimonial, comienza por la demanda explicando quién la debe hacer, el contenido de la misma y señalando, como muy interesante, la figura del demandado y las diversas formas de actuar que puede tener en el proceso. Como digo, nada más que por esta parte de la obra es muy recomendable a los abogados que desean o que ya trabajan en nuestros tribunales, como un medio de formación muy útil.
Tras la demanda vendría la fórmula de dudas y la fase probatoria con la diversas pruebas que se pueden tener, ya sea la testifical o la pericial y el valor de cada una de ellas. Es curioso que se tenga en cuenta, conforme la Dignitas connubii que la declaración de las partes es muy importante, pero no se puede considerar absoluta en la conclusión del proceso. Podriamos decir que de todos es sabido, pero que se diga y con esta claridad ayuda bastante.
Y ya por fin llegamos a la sentencia donde tras dar una definición, se insiste en la necesidad de una sentencia bien fundamentada que ayude a evitar la impugnación de la misma. Es importante las palabras que dedica a la apelación y quién y cómo se puede hacer, así como al Tribunal al que se debe apelar.
Hace la autora una breve incursión en el proceso más breve ante el Obispo, donde lo más interesante es el ejemplo que pone el cual ayuda a clarificar notablemente que situaciones entrarían dentro de la posibilidad de desarrollar este modo nuevo de proceso.
Concluye el libro con cuatro anexos muy interesantes, uno dedicado a los impedimentos de los que mucho se habla pero conviene saber cuáles son y a que se refieren; otro anexo sobre los vicios del consentimiento; la importancia de la forma jurídica, diferenciando entre la forma ordinaria y la extraordinaria; y concluyendo con la convalidación del matrimonio y la importancia de saber en qué consiste la sanción en raíz.
En definitiva, nos encontramos con una obra muy útil para todos aquellos operarios de los tribunales, que desean tener claridad en las partes de un proceso; un libro muy necesario para aquellos, párrocos incluidos, que desde las parroquias inician, como dice el MIDI, la investigación previa para llegar al proceso, o simplemente para tener unos conceptos claros en aras de dar una respuesta que ayude ante la situación de los feligreses o de las personas que se acercan buscando un poco de luz en su situación vital y a las que se puede aconsejar el inicio de un proceso de nulidad matrimonial.

Álvarez de las Asturias, María, La nulidad matrimonial. Mitos y realidades, Ed. Digital Reasons, Madrid 2020, 240 pp.

miércoles, 15 de abril de 2020

El Proceso Brevior

Para todos los que nos dedicamos a la cuestión procesal, la necesidad de una reforma de los procesos matrimoniales era un clamor que se venía pidiendo desde hace mucho tiempo. Como resultado, que resultó insuficiente para todos, fue la Dignitas connubii y por fin apareció el M.P. Mitis Iudex Dominus Iesus, que, sin ser la respuesta a todos los males, sí que al menos aporto novedades en los procesos.
Y una de esas novedades no cabe duda que es el proceso brevior. Y de este proceso se ocupa el libro del que vamos a hablar. El autor ha conseguido hacer una presentación no sólo del proceso brevior sino sobre todo de los elementos procesales que contiene y que le dan fiabilidad en su utilización, además busca dar respuestas  a muchas interrogantes que surgen en un principio a la hora de la aplicación de este proceso.
Para ello, el autor, conocedor de la materia por su trabajo en el Tribunal de la Rota Romana, ha desarrollado la obra en tres capítulos consideramos que están bien seleccionados en su presentación.
Una de las grandes cuestiones del proceso  brevior es precisamente la figura del Obispo como juez de las causas que se presentan por este proceso. Por ello, el primer capítulo lo dedica el autor a hablarnos de la potestad judicial del Obispo. Para ello, como no puede ser de otra forma desde el actual estudio del Derecho canónico, se parte de la fundamentación teológica de la figura del Obispo para llegar a unir los elementos pastorales y judiciales de la misión y servicio de los Obispos en sus diócesis, tal y como se ha entendido desde el CIC del año 1917 al presente de 1983, sin poder olvidar las notas características que marcó la Dignitas connubii, y todo ello como lo recoge el M.P. MIDI, en el cual desde el principio se nos habla de la potestad judicial del Obispo, con la necesaria obligación por su parte de interesarse en la transformación de la función judicial en materia matrimonial.
Importante la apreciación anterior que nos lleva a recordar que el Obispo no es sólo juez en el proceso brevior   sino que lo es el Juez primero en cualquier proceso ya ordinario, documental, oral, etc. Por ello una de las cuestiones que se deben evitar, y que muy bien señala el autor, es el evitar una reducción del Obispo al papel pastoral, como un pastor que se acerca a sus fieles, en determinadas circunstancias, sino que más bien es Pastor y Juez siempre.
Esto nos lleva a la pregunta de si cualquier obispo puede estar al frente de un proceso brevior   y tras una excelente presentación de pros y contras, con la citación de publicaciones previas, llega a la conclusión que en primer lugar debe ser Obispo y Obispo que tenga una comunidad de fieles al frente con lo cual estamos excluyendo a los auxiliares y cualquier otra figura que se pueda equiparar al Obispo titular.
El capítulo II lo dedica el autor a la Lógica procesal, y los principios procesales que deben estar presente en el proceso brevior. Una de las grandes críticas que se le ha hecho a este proceso especial ha sido precisamente que carecía de una lógica procesal al no observarse en él los principios procesales necesarios para que sea un proceso libre de impedimentos.
Por ello este segundo capítulo se convierte en clave a la hora de tratar de explicar el proceso brevior, al indicarnos que es un intento de asegurar la celeridad y la simplicidad en el proceso que debe estar cercano en su resolución con aquellos casos que así se pueda permitir su aplicación sin necesidad de alargarlos en el tiempo o complicar su procedimiento. Esto nos muestra, y así lo señala el autor, que ya desde Pablo VI y como no, ahora con el Papa Francisco, se insiste en la necesidad de unir la dimensión jurídica con la misión de la Iglesia y su dimensión pastoral. Ahora bien no confundamos  la dimensión pastoral con la posibilidad de favorecer la nulidad de los matrimonios, sino más bien el buscar la celeridad en los procesos.
El autor nos habla de los distintos principios procesales, todo ello enfocado en la búsqueda de la verdad y la realización de la justicia como elementos fundamentales a la hora de cambiar de procedimiento y acogernos a este más breve. Para ello no debemos olvidar que estos principios procesales se realizan en la independencia, la autonomía y la imparcialidad de los jueces. Señala el autor sin temor que a veces podemos encontrarnos, y gracias a Dios no es una constante en todos ellos, que en algunos operarios jurídicos, indicando concretamente a los abogados, que pueden llegar a elegir el proceso brevior más por intereses ajenos a la consecución de la verdad objetiva.
El autor señala y justifica que otro de los motivos de la reforma es el de la celeridad y la diligencia, lo cual lo especifica mostrando los pros y contras que se pueden señalar al proceso. Para ello es importante que el autor resalte las circunstancias que pueden llevar a un proceso brevior que termine en un proceso ordinario con lo que ello supondría de alargar el tiempo del proceso, para lo cual se recomienda que vaya toda la base procesal correctamente realizada desde el principio.
A partir de aclarar que el proceso brevior no es un proceso administrativo sino judicial, a lo cual uniremos el final del capítulo donde también lo diferencia con el proceso contencioso oral donde señala la diferencia en la especialidad de cada uno.
Llegamos a una de las partes más importantes y que señalan la función del Obispo como juez de estos procesos y no es otra el principio de inmediación que busca el hacerlo más humano, es decir, que el juez tenga un contacto más directo con la realidad procesal y sobre todo con las partes.
El capítulo tercero como no podía ser de otra manera nos hablará de la dinámica del proceso brevior y los diferentes momentos del proceso. Todo ello para que quedando claros los plazos y estos momentos nos lleven a mostrar lo que ha querido el autor sustentar en los capítulos anteriores, es decir, que es un proceso válido y completo en el que la celeridad no supone la eliminación de momentos procesales sino su claridad en el momento de realizarse.
Importante la figura del Vicario judicial en todo este proceso así como la figura del Defensor del vínculo que deben realizar un papel diligente y con claridad de la especificidad del proceso que se va a llevar a cabo.
Por supuesto, llegamos al momento decisorio donde el papel del Obispo se muestra mucho más importante desde el momento que él es el que debe ser conocedor de las actas, hacer la valoración de las declaraciones de las partes, para lo cual es conveniente que pueda pedir la asesoría del juez instructor y lo que es más importante, la decisión final que debe ser suya, redactada por él ya en el sentido de una sentencia favorable o remitiéndola al proceso ordinario. De esta forma evitamos que el Obispo se limite a firmar algo presentado por el Vicario judicial o por cualquier otra figura procesal y no lo convertimos en una mera figura decorativa que se limita a firmar. Ahora bien no podemos olvidar que esa es la teoría, la práctica nos lleva a recordar que la gran mayoría de los obispos no tienen los conocimientos de derecho mínimos para poder llegar a la certeza moral que es el fin de todo proceso.
Termina el libro con un apéndice sencillo y las conclusiones finales que vuelven a reforzar lo que venimos diciendo, una obra que presenta el proceso brevior aclarando todas las objeciones que se le pueden hacer con una bien contrastada bibliografía.
Quiero resaltar como dentro de la estructura de los capítulos es importante la síntesis conclusiva que al final de cada uno de los capítulos, al estilo de las tesis doctorales bien presentadas, hace el autor recogiendo aquellos elementos de cada capítulo más importante.
Como pega podemos decirle que es una obra demasiado teórica para la realidad de nuestros tribunales, y sobre todo, del conocimiento procesal de nuestros obispos. Pero sin embargo se hacen necesarias estas obras para asentar la novedad que el motu proprio Mitis Iudex Dominus Iesus ha aportado al mundo procesal, con lo cual invitamos a todos los operarios y miembros de los tribunales a conocer esta obra y profundizar en lo que ella nos muestra para desarrollar como el MP nos pide los procesos brevior  que se presenten en los tribunales, que, por otra parte, no son muchos.

Tkaczyk, Lukasz Piotr, El proceso más breve en la nueva normativa del M.P. Mitis Iudex Dominus Iesus. Su especialidad y pautas de desarrollo, Ed. EUNSA, Pamplona 2019, 277pp.

miércoles, 25 de septiembre de 2019

La necesidad de la investigación prejudicial



No cabe duda que la aparición del M.P. “Mitis Iudex Dominus Iesus” ha supuesto la apertura de nuevos campos de estudio y su consiguiente publicación de una novedad como supuso dicho motu proprio en la renovación de las instituciones procesales.
Toda vez que se va asentando el uso del motu proprio en la actividad procesal se observan elementos que por su novedad o quizás por su “menor obligatoriedad”, hacen que no se apliquen en el buen desarrollo de todos los avances procesales que nos muestra el documento.
Por ello, considero esta obra necesaria dentro del estudio de dicha nueva legislación procesal y sobre todo un elemento a implementar en las diócesis como ayuda a la labor que se desarrolla en los tribunales.
La obra tiene todas las trazas de haber sido un trabajo de tesis doctoral donde se ha pretendido señalar la necesidad de la Investigación prejudicial (IP) como elemento necesario dentro del proceso canónico de declaración de nulidad. No cabe duda que es un elemento pastoral importante pero se debe tener mucho cuidado con quienes ejercen dicha IP y sobre todo no darle un valor jurídico a la misma que no tiene por sí sola sino como acompañamiento y subsidio de los que será el proceso de declaración de nulidad.
La obra consta de cinco capítulos. Los dos primeros son introductorios. En el primero se presenta como la IP llega a formar parte del documento. Para ello el autor nos muestra un recorrido que parte del Sínodo de la familia de 2015 y sobre todo su raíz de crecimiento y de necesidad que se encuentra en la exhortación apostólica Amoris Laetitia, en la cual se va a cuidar a la familia y a sus miembros.
Los orígenes del motu proprio se encuentran en las relaciones del Sínodo y como se insistía en una reforma procesal canónica que lleva al documento donde se inserta la IP. Pienso que se podría haber buscado e investigado más sobre el trabajo realizado para la creación del documento, sin embargo, no es así y queda más bien todo reducido a un encargo sinodal y a una necesaria reforma de los estudios de derecho canónico. Evidentemente es una forma elegante de no señalar aquellas carencias canónicas de las que adolece el documento.
El siguiente capítulo es la presentación histórica de lo que podría haberse considerado como figura jurídica parecida en los códigos del 17 y del 83 previos a la reforma, y en dicho capítulo se observa una somera visión del derecho romano que podría haberse evitado, sobre todo cuando no se hace un estudio de la posible existencia de dicha figura en los procesales medievales.
Pero a fin de cuentas, el trabajo hace bien en centrarse en el codex más que en Corpus. No cabe duda de la novedad que la IP supone dentro del ámbito procesal como es la tarea pastoral en su colaboración con la judicial. No podemos olvidar que ya en el Código del 83 había una insistencia a la pastoralidad en el acompañamiento de las familias y sobre todo de las parejas que se acercaban a los tribunales, en aras a evitar y fortalecer las posibles rupturas. No cabe duda que nada tiene que ver aquello con la IP de la que nos habla el motu proprio.
La reforma del Papa Francisco supone un avance y una puesta en práctica de esa tarea pastoral con las familias desde entornos previos a los tribunales, elementos que no aparecían en ningún momento. Pero como muy bien indica su nombre y es la gran tentación a evitar, prejudicial quiere decir que no es judicial y muchos agentes encargados de dicha IP deberían ser conocedores de sus limitaciones en el campo de actuación que debe llevar a cabo dicha investigación.
Por eso importante en la obra es el capítulo tercero que nos introduce en los destinatarios, los sujetos agentes y los niveles de actuación. El problema de esta investigación prejudicial o pastoral es precisamente a quien se dirige, porque dependiendo de ello la tarea a llevar tendrá una finalidad pastoral u otra. No todos los matrimonios en dificultad se encuentran a un mismo nivel y no a todos se debe aplicar la IP. Las tareas pastorales son distintas y no se debe confundir, como podría parecer al hablar de los destinatarios.
En segundo lugar, como sujetos agentes señala a los obispos y párrocos y hay puede haber un error ya que no todos los obispos se pueden dedicar a esa tarea ni muchos párrocos están preparados para la misma. Sería más aconsejable que se cuidase a quien se encarga esa tarea y no olvidar que no necesariamente debe estar inserta en las labores de una parroquia sino más bien dependientes del mismo Obispo y su tarea pastoral familiar y no tanto considerarla propia de los párrocos, que si bien deben tener como tarea principal ser pastores en ocasiones pueden llegar por un extremo u otro a ser jueces sin serlo.
El capítulo cuarto acierta en su desarrollo al señalar los principios que se le deben aplicar a la IP para que se vaya estabilizando y adquiriendo importancia en el desarrollo del motu proprio y sobre todo para insistir en la tarea pastoral que debe llevar a cabo. Pero no debe olvidar el autor que el problema más que en los principios esté en los sujetos agentes, en la acogida y en la tarea pastoral a llevar con ellos en caso de que no se les invite a acercarse al Tribunal. Si los agentes no aplican dichos principios en la IP difícilmente se puede convertir en un instrumento válido.
El capítulo quinto no es sino una aplicación práctica de cómo esa IP se ha llevado a cabo en la Diócesis de Chiclayo (Perú). Es un vademécum, o protocolo que llamaríamos en estas tierras y cuyo resultado de aplicación sería lo verdaderamente interesante de saber. De cualquier manera es importante tener un modelo o la estructura de un proyecto que ya se está llevando a cabo, para si el mismo se desea implementar en alguna diócesis.
Las conclusiones propias de una tesis doctoral que vienen a recoger las conclusiones ya señaladas al final de cada capítulo y que recuperan lo dicho a lo largo de toda la obra.
Los apéndices si bien complementan el trabajo realizado no hacen sino potenciar que me surja la cuestión de porque introducir la Instrucción de la Congregación  para la reforma de los estudios de derecho canónico y sin embargo no haber puesto los elementos de la exhortación Amoris Laetitia o las relaciones del Sínodo en las que se habla de la necesidad de una reforma procesal. Pero como digo es una cuestión personal.
En definitiva creo que la obra viene a completar un instrumento que por su poca relevancia procesal no va a tener mucho ámbito de estudio, de ahí que se agradezcan más las tesis y trabajos que se realicen al respecto, y sobre todo para conocer que se pretende y como aplicar dicha investigación prejudicial en los diverso campos eclesiales, recordando la necesidad de cuidar las relaciones de la pastoral y la práctica jurídica dentro de las misiones de la Iglesia.

Tocto Meza, Edwuar Alberto, La investigación prejudicial o pastoral. Una propuesta al M.P. “Mitis iudex”, Ed. EUNSA, Pamplona 2019, 352pp.

lunes, 6 de mayo de 2019

Una palabra tuya y un dibujo mío



            Presentamos esta obra que no es sino el resultado de juntar el trabajo de dos hermanos de sangre que decidieron unir la vivencia de fe de cada uno, dando color desde los dibujos que Francisco Manuel hacía, a las palabras que en diversos poemas plasmaba su hermana Charo.

            Charo es hermana de las Hermanitas de la Asunción, ahora dedicada a la Formación dentro de la Congregación con un caráctereminentemente misionera, en la que, desde sus estudios de Teología en el Instituto Teológico Franciscano de Murcia, ha tratado de reflexionar sobre la fe y sus vivencias de cada día en la misión y en el trato con las personas.

            Lo que en principio era una tarea personal, y que se reducía a sus propias reflexiones y alguna vez que lo compartía en contadas ocasiones, se ha convertido en una experiencia de fe que quiere compartir con los demás. Para ello no cabe duda que la influencia de José María Avendaño ha tenido mucho que ver.

            Charo decidió que ella no se embarcaba en esta tarea de compartir la fe y sus vivencias personales si no lo hacía acompañada de su hermano que desde la sencillez de sus pinturas fueran dando color y expresión a sus palabras en negro sobre blanco.

            Cada uno de los poemas tiene una misma estructura, un breve texto bíblico, el poema que expresa la vivencia de la fe, o el aprendizaje del texto bíblico en una de las tareas que llevamos a cabo y el dibujo de Francisco Manuel que hace que comprendamos de un vistazo las palabras que nos han escrito. Por eso en ellos descubrimos no solo color sino vida que sana, que nos purifica, es una terapia que nos conduce a la salvación.

            El libro, muy sencillo, nos lleva a un recorrido que favorece en primer lugar el encuentro con Jesús de Nazaret, para después avanzar a la duda que surge en todo aquel que busca verdaderamente y que a veces no sabe mirar ni lo ve tan claro y que le hace temblar en la respuesta a la llamada que ha recibido.

            La tercera parte de la obra no es sino hacer vida en la vida esa fe que llevamos y que hemos descubierto y que desde la duda y la oscuridad se ha fortalecido en nosotros. Todo ello con unas palabras sencillas reconocibles en la vida de cada uno y que podemos y nos invitan a reflexionar en nuestro caminar cristiano.

            La importancia de estos poemas no es otra cosa que la fe que se vive y que invita a la reflexión la cual gracias a los dibujos nos muestra la sencillez del encuentro en la vida diaria con Aquel que nos da la vida.

            En definitiva un libro muy recomendable no sólo en la lectura sino en el acompañamiento de la vida de fe de cada día.


Una palabra tuya y un dibujo mío
Charo Martín Pérez – Francisco Manuel Martín Pérez
Ed. PPC
Madrid 2018



sábado, 9 de marzo de 2019

Resumen de las XXXII Jornadas de Teología


A lo largo de la semana del 4 al 7 de marzo se han venido celebrando las XXXII Jornadas de Teología en el Instituto Teológico de Murcia OFM. Este año bajo el lema “La efectividad de las palabras: un encuentro de voces” se han celebrado los 800 años del encuentro de San Francisco de Asís y el Sultán de Egipto y Siria en el año 1219.

Las Jornadas de este año han estado insertas en los actos celebrados por la Orden Franciscana y la Pontificia Universidad Antonianum de Roma, que han llevado a que se celebren acontecimientos a lo largo de todo este año en Roma, Venecia, Jerusalén, Estambul, Damieta, Paris y Murcia.

Las Jornadas fueron inauguradas por el Rector de la Universidad de Murcia D. José Luján y el Vicerrector de la Pontificia Universidad Antonianum de Roma Fr. Agustín Hernández Vidales, y el director del Instituto Teológico de Murcia OFM, Fr. Miguel Ángel Escribano Arráez.
La ciudad de Murcia ha sido elegida por haber sido el primer obispo de la región el fenciacano Pedro Gallego, que confesor del Rey Alfonso X fue un de los pioneros en el diálogo con el mundo del islam andalusí.

Resultado de la presencia de este obispo en Murcia se crearon escuelas de aprendizaje del árabe para los franciscanos que marchaban a Tierras de misión, así lo destacó la ponencia del profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona el catedrático D. José Martínez Gázquez.

Dentro de las ponencias se ha tenido una sobre el murciano Ibn Arabí, impartida por la profesora Fatiha  Belabbah de la Universidad Mohammed V de Rabat en Marruecos, que nos recuperó la figura tan importante de este sabio murciano y no siempre reconocido.
Terminamos las jornadas con una profundización en dos “locos de Dios”, como fueron san Francisco de Asís y Ramón Llul que movidos por una misma voluntad salieron al encuentro del hermano musulmán.

Unidas a las jornadas que se impartieron dos mesas redondas en el Hemiciclo de la Universidad de Murcia auspiciadas por la Faultad de Letras que potenciaron este necesario diálogo y el acercamiento a la mística del Santo de Asís y de los místicos sufíes como fue Ibn Arabí.

En definitiva han sido unas Jornadas donde se ha potenciado la necesidad del diálogo entre hijos de un mismo Creador (Papa Francisco en el encuentro interreligiosos de Abu Dabí 4 de febrero), potenciadas por la necesidad de que todo hombre creyente o no, siempre personas de buena voluntad, deben llevar adelante y manifestar en sus vidas la necesidad de la justicia y de la paz, como valores implícitos en todos aquellos que quieren vivir a Dios en sus comportamientos.
El hecho de que estas palabras se hayan escuchado en espacios públicos como es la universidad de Murcia y hayan intervenido profesores de la misma nos muestra la necesidad de que esta presencia creyente va unida a la necesidad de una reflexión donde la razón no está reñida con la fe en la defensa de la verdad creyente, sino que debe ser un cauce para el diálogo y el compromiso de la tolerancia entre miembros de diferentes credos.

Este diálogo inaugurado por San Francisco de Asís en su encuentro con el Sultán es una responsabilidad que todo creyente debe llevar adelante como mandato no de una autoridad humana sino de un Dios Padre de todos.

Todas las conferencias se pueden ver en el canal del Instituto Teológico de  Murcia OFM en  YouTube 




miércoles, 31 de octubre de 2018

Derecho Procesal Canónico ¿Nuevo tratado?



            Siempre abrir un libro de Juan José García Faílde nos tiene que llevar a saborear el mundo de la canonística y desear zambullirnos en el saber de los grandes maestros que fueron y nos han enseñado a no conformarnos en la reflexión sino siempre desear buscar respuestas nuevas a situaciones nuevas, desde parámetros ya establecidos.
            Por ello le agradezco a la Universidad de San Dámaso la edición de esta obra en la que si hay un pero que ponerle, es el pretender que estamos ante un nuevo tratado de derecho procesal canónico.
            El término nuevo puede llevar a confusión ya que las reformas que los dos documentos que se presentan como título de la obra y que el propio autor nos señala como reformadores no cambian en su totalidad ni siquiera en el 80 % el derecho procesal canónico, si bien es cierto, y no deberíamos caer en el error de no pensar que las reformas presentadas son novedosas e interesantes a la hora de aplicar el derecho procesal canónico desde la pastoral y la antropología cristiana.
            El autor, repito, como docente experto en la materia, buen profesor y mejor comunicador, hace que esta obra se lea como si él mismo nos la estuviese explicando, lo cual hace que una terminología pesada y dura de seguir se haga comprensible. Ello lo observamos en la dedicación que el autor hace a aquellos elemento más importantes dentro del proceso y que necesitan de una reflexión y detenimiento mayor.
            Así en la obra observamos, que todos los elementos preliminares a la admisión de la demanda son explicados breve, rápida pero no por ello, con menor profundidad por el autor, sabe que hay elementos que necesitarán de un mayor detenimiento y no amplia las páginas del libro sin necesidad.
            Sin embargo, cuando entra el proceso en la admisión de la demanda dedicada mucho mayor espacio a explicar la tarea de los jueces, eclesiásticos, diocesano y el vicario judicial y los posibles adjuntos que puedan existir, si bien en la reforma que se está estudiando la necesidad del vicario judicial adjunto, si bien no es eliminado pero no queda claro su papel y sobre todo su necesidad. 
            Desde el estudio realizado por el profesor creo que hay un poco de desorden en la estructura del mismo, pero no es un elemento que haga perder la fuerza a lo que se dice, sin embargo el brevísimo capítulo dedicado al Obispo diocesano, demuestra que la obra no es sino la recopilación de los trabajos realizados por el autor a lo largo de su extensísima y bien llevada carrera a la que ha unido los artículos y cánones de los documentos reformadores. Es cierto que más adelante cuando analiza con detenimiento el motu proprio dedicada una mayor atención al papel del Obispo diocesano en los procesos breves, pero quizás hubiese sobrado este mini apartado en medio de los jueces y tribunales, quizás en el escrito original estuviese la idea de resaltar la figura de juez supremo de la diócesis que es el Obispo.
            Todos los oficiales que participan en el proceso las acciones ordinarias y extraordinarias, son explicadas con las palabras de quien sabe hacerlas comprender dentro de la importancia que tienen para el buen desarrollo del proceso.
            Importante y de agradecer es la parte dedicada a las diferentes pruebas que se pueden presentar en el proceso, y que serán en la mayoría de las ocasiones las que ayuden a alcanzar la certeza objetiva de la decisión última que los jueces o el juez deberán tomar.
            Para el orden de la obra hubiera sido interesante que tras el capítulo dedicado a las pruebas, muy bien desarrollado como no cabría esperar otra cosa y antes de la publicación, valoración etc. de las mismas, hubiera sido interesante que el capítulo dedicado a la prueba testifical, pericias y otros tipos de pruebas hubieran tenido su sitio en la obra con anterioridad dándole un cuerpo más sistematizado a la misma.
            Destacar el capítulo dedicado a la certeza moral requerida para administrar sentencia, ya afirmativa o negativa no sólo afirmativa, la misma certeza se ha de tener para una o la otra, capítulo muy bien desarrollado moral y filosóficamente, y añadiendo tanto lo que la Dignitas Connubii como el M.P. señalan al respecto, pero sigue sin dar respuesta a como alcanza la certeza el juez en el proceso breve, ya que si, como señala el autor, la certeza moral se puede alcanzar bien por el estudio de los autos, por la escucha de los testigos o la comprobación de las pruebas que se presenten, si el juez único, el Obispo diocesano, no ha tenido acceso a las mismas, queda un poco oscuro como alcanza esa certeza. No cabe duda que es un estudio que se deberá realizar a posteriori.
            Por supuesto la parte más novedosa de la obra es el comentario amplio y detallado del M.P. “Mitis Iudex Dominus Iesus”, el cual muestra con detenimiento las finalidades que el Santo Padre desea alcanzar con el mismo dentro de los procesos, las novedades que aporta y todo ello explicado dentro de un leguaje ágil de profesor que sabe transmitir con una gran experiencia. Los que hemos escuchado muchas veces al profesor García Faílde echamos en falta una conclusión sobre las posibles limitaciones del mismo, que no ha dudado en resaltar en sus conferencias y que hubieran servido en esta magna obra como colofón a un gran estudio.
            Es muy de agradecer los apéndices con todo tipo de formularios que hacen de la obra un libro necesario en todas las sedes de los tribunales eclesiásticos.
            En definitiva una obra, como digo, imprescindible en las sedes de los tribunales y en las bibliotecas de los centros de estudio, no sólo en las facultades de derecho canónico sino en los centros teológicos en los que como indica la reciente Instrucción sobre los estudios de derecho canónico de 27 de abril, se deben potenciar el conocimiento del proceso matrimonial canónico no sólo para especialistas sino entre aquellos que de alguna manera pueden ser agentes canónicos  que ayuden a los fieles en situación irregular a acercarse a los procesos matrimoniales.
            Felicitamos nuevamente al autor y a la editorial por la edición de tan magna obra y esperamos que haya sido acogida como bien se merece, una obra tan importante.
            
 García Failde J.J., Nuevo tratado de derecho procesal canónico (Código de Derecho Canónico, Instrucción “Dignitas Connubii” M.P. “Mitis Iudex Dominus Iesus”), Ediciones Universidad San Dámaso, Madrid 2018, 960 pp., 17x24 cm.