martes, 17 de noviembre de 2020

Una mirada de misericordia ante el suicidio

 

Nos encontramos con un libro que podría pasar desapercibido en cualquier leja de una librería, pero que sin embargo el que se atreve a abrirlo se encuentra con un tema como es el suicidio, que tanto miedo da en nuestra sociedad a hablar de ello, pero que es tratada desde la experiencia y la fe.

Es un libro con la grandeza de escribirlo en primera persona por un profesional que ha vivido la muerte de su madre que se suicidó, pero que no se limita a mostrar su experiencia sino que abre puertas de acompañamiento desde un nivel profesional y sobre todo desde la  fe.

El libro comienza explicando el título del mismo y que viene a mostrar que muchas veces la nada que hay entre el puente y el rio se acaba convirtiendo en mundo donde la persona que se lanza a ese vacío se encuentra con todo aquello que deja atrás.

El autor pretende escribir un libro que trate del suicidio y de la forma de acompañar a las personas que lo sufren. Ahora bien, por la estructura del libro peca un poco de estar escrito en primera persona, por ello, debe hacernos pensar que se necesita un segundo libro donde se desarrolle todas esas partes profesionales que quedan un poco cortas en este buen libro. Y se necesita mostrar por que tratar este tema del suicidio sin remilgos es una obligación, y que los profesionales creyentes muestren cual debe ser ese camino a recorrer. Profesionales hay muchos, pero que no se avergüencen de decir que son cristianos no hay tantos y se necesitan.

El libro consta de seis partes, todas unidas a partir de la primera parte que no puede ser otra que la historia personal del autor ante la muerte de su madre. El relato de su vida y cercanía a la madre, muestra la suerte de no estar sólo, su novia, sus amigos de la parroquia, sacerdotes, religiosas. Pero sin embargo la realidad es que la perdida de una madre por un suicidio al final se vive en soledad y con la carga de hacerlo presente en la realidad de cada día. Nos muestra el autor que en esa soledad le lleva a  vivir una fe que cambia su forma de ser a partir de la perdida y sobre todo la necesidad de compartir el dolor que le acompaña y que él se ve ayudado de una forma especial por unos autores que siempre le van a acompañar y le ayudan a vivir dicha realidad que le supera desde el dolor del silencio.

En la segunda parte, dicho lo anterior, no podía ser otra de otra forma que dedicar dos partes de esta obra a la fe y la visión que la Iglesia tiene del suicidio, y sobre todo de las personas que lo viven.

En primer lugar nos habla de la fe, que ayuda a vivir estos momentos de dolor cuando somos capaces de pedir explicaciones al Señor, a la par que somos capaces de descubrir el sentido de la cruz unido a la esperanza de la Resurrección.

En segundo lugar esa fe nos ha mostrado que vivimos en la Iglesia, nuestra madre, y se hace necesario aprender y comprender lo que ella nos dice sobre el que se suicida y el acompañamiento a los familiares, como todo ha cambiado y como esa cercanía de madre que acoge se hace mucho más palpable en cada uno de sus miembros.

La cuarta parte del libro será la más profesional, y a la que me atrevo a invitar a Javier a que la desarrolle en una nueva publicación, porque se hace necesaria. Ese estudio que hace de la persona que se suicida, mostrando las mil realidades que pueden presentarse en la persona que decide hacerlo y sobre todo como ese suicidio afecta a los que se quedan, es necesario vivir esa situación y sacarla fuera.

Por desgracia una de las situaciones que lleva el no hablar en la sociedad claramente lo que es el suicidio es en muchas ocasiones las visiones erróneas que del mismo se suelen tener, y ello lleva a no atrevernos a hablar de él, a usarlo en términos instrumentalistas y olvidar que es una realidad demasiado presente en la sociedad que vivimos y que deberíamos hablarlo sin miedos. Brevemente señala el autor la incoherencia de nuestra sociedad a la hora de ocultar el suicidio y sin embargo querer vendernos como algo mágico y bueno la eutanasia que no deja de ser un tipo de suicidio asistido. Es la falsedad del mundo en que vivimos.

Termina la obra con dos partes muy interesantes, la primera los testimonios de personas que han vivido el suicidio bien por intentarlo ellos o porque algún familiar decidió suicidarse y como han vivido ellos esta situación. La segunda parte un conjunto de recursos que pueden ayudar tanto a profesionales como en nivel general para conocer, acompañar y vivir esta situación.

En definitiva un buen libro que debemos leer todos para hacer visible una realidad de nuestra sociedad y de un modo más concreto para los creyentes que debemos acompañar desde nuestra fe, que queda dañada en la persona que sufre el suicidio pero al que debemos ser capaces de acompañar para descubrir esa esperanza que siempre debe estar presente.

Un libro que necesita de ese desarrollo de la parte profesional y que esperamos que sea la siguiente misión que el autor lleve adelante y complete el recorrido del camino iniciado, pero hasta que llegue ese momento felicitamos a Javier por la obra realizada.


Díaz Vega, Javier, Entre el puente y el río. Una mirada de misericordia ante el suicidio. Ed. Nueva Eva, Madrid 2020, 156 pp., 21x14


sábado, 7 de noviembre de 2020

CAMINAMOS HACIA ELLA


 En Villanueva de Alcardete, provincia de Toledo, el segundo domingo de noviembre todos los años revienta la vida, aunque estemos en noviembre y haga el frio propio de la Mancha.

Las familias se reúnen, la pólvora truena en las calles, y los ríos de felicidad se desbordan en todas las buenas gentes que de alguna manera tienen un trozo de corazón en ese pueblo y regresan en este fin de semana señalado.

La culpa de tanta algarabía no es otra que la Madre, la Ricona, como allí la llamamos, Nuestra Madre la Virgen de la Piedad. Nos reúne en su casa y como Buena Madre nos acoge y consuela ante las penas que hemos podido tener a lo largo de todo el año.

Pero este año la situación ha cambiado, no podremos desplazarnos a casa de nuestra Madre, no podremos encontrarnos con nuestras familias que a veces sólo los vemos en este fin de semana. Y sobre todo lloraremos a los que nos han dejado vecinos, amigos, familiares que otros años estuvieron gozando con nosotros.

Por eso cuando me mandaron mis primos esta foto, de verdad sentí que era el reflejo de lo que este años vivimos. Todo oscuro, no vemos con claridad lo que pasa a nuestro lado, tenemos miedos y no acabamos de fiarnos de nadie. Pero en el fondo esta Ella. La única iluminada la que nos muestra el camino que debemos seguir, la que con su Hijo en brazos escucha nuestras oraciones y reúne en su brazo los dolores y las penas de cada uno.

Pero sobre todo como Buena Madre nos invita a que nuestra oración sea una oración de gozo, de alegría, de saber que no estamos solos, que en familia las distancias no existen, que cuando levantamos la cabeza al final del pasillo está ella y nuestra oración se convierte en un canto de alabanza y sobre todo de esperanza.

Ella nos da a su Hijo para que nosotros seamos capaces de vivir el presente cercanos unos de otros, responsables y cariñosos, que no nos falte una palabra amable y sigamos andando, a pesar de la oscuridad, hacia ella. Hacia Nuestra Ricona.

¡¡¡¡VIVA LA VIRGEN DE LA PIEDAD!!!!