jueves, 4 de octubre de 2018

San Oscar Romero


            Normalmente en el mes de octubre presentamos un libro de san Francisco de Asís, pero este año queremos presentar uno sobre el arzobispo Oscar Romero que será canonizado el próximo 14 de octubre, por el Papa Francisco.
            Presentamos esta obra porque no sólo es una biografía sino que son lecciones de una vida entregada a Dios y culminada en el martirio al entregar su vida por la justicia de su pueblo salvadoreño.
            La obra se introduce con una presentación de lo que se pretende en la misma y sobre todo destacando el papel de monseñor Alberto Iniesta para desde Vallecas movilizarse desde el apoyo de la comunidad cristiana para estar presente en el Salvador en el entierro de Monseñor Romero.
            Tras ello, como no puede ser de otra manera nos encontramos una contextualización del momento que se vivía en aquellos años, tanto en la Iglesia como en la sociedad, de un modo especial en los países centroamericanos y su relación con el vecino del norte y su implicación en las situaciones políticas que se daban en aquellos países.
            A partir de aquí, el autor nos habla en cuatro lecciones de los valores que marcaron la vida de Monseñor Romero y como esos valores trató de hacérselos llegar a su pueblo y sobre todo de vivirlos con ellos y morir con ellos.
            Nos habla de cómo en primer lugar Monseñor Romero se hace consciente de la realidad de su pueblo, se encuentra con el rostro del que sufre y como se inicia en la práctica de acompañarlos de vivir los sentimientos que ellos viven y compartirlos.
            La segunda lección, es que compartir los sentimientos es vivir con ellos, caminar con ellos sufriendo las injusticias que afrentan a su pueblo, desde la sociedad, no es una lucha individual es el pueblo que debe organizarse para hacer frente a la tiranía.
            En tercer lugar, no es sólo un movimiento político sino humanizador, donde la persona es el centro a la que se ayuda a desarrollarse, desde el perdón entre los hombres y mujeres del pueblo salvadoreño, siendo conscientes del sufrimiento y la persecución que se da entre la gente. Se necesita concienciar para que salga a la calle y no témanla represión y puedan construir una sociedad en paz.
            La cuarta lección, como no puede ser de otra manera y es la que vivió es el ejemplo de una vida entregada hasta el final. Usa la palabra para decir la verdad desde el balcón del pulpito, donde su voz llega a toda la nación. Desde ahí, denuncia la injusticia y lo hace desde la credibilidad moral, la autoridad moral que le da el haber estado al lado del pueblo oprimido al que con su ejemplo, vida y sangre lo ha acompañado.
            Termina la obra haciendo una reflexión sobre los puntos en común de Monseñor Romero y el Papa Francisco. Quizás si el libro se hubiese terminado en nuestros días la semejanza se hubiese realizado con los obispos de Venezuela y Nicaragua dando el ejemplo al lado del pueblo frente a los tiranos que lo persigue y asesina y sufriendo la Iglesia la persecución.
            En definitiva un libro muy interesante para conocer a este nuevo santo de la Iglesia que dio su vida con su pueblo y lo hizo desde el ejemplo y la compañía de quién se siente querido por Cristo.


San Romero de los derechos humanos. Lecciones éticas, desafío educativo
Luis Aranguren Gonzalo
Ed. San Pablo, Madrid 2017
 



martes, 15 de mayo de 2018

Veinticinco años no son nada








            Hoy hace veinticinco años que me pusieron la casulla de la foto por primera vez, y llegado a esta fecha hay mucho que celebrar y mucho que dar gracias a Dios.

No cabe duda que la ordenación es un don de Dios, al que debemos responder cada día, hasta veinticinco años y muchos más, pero si se vive desde el espíritu de San Francisco de Asís es un regalo mucho más enriquecido y supervitaminalizado (que decían los dibujos animados de nuestra infancia).

En esa ordenación estaban presentes muchos hermanos que ya nos contemplan desde el cielo, entre otros el P. Chavero, P. Miguel Rodeño, P. Tovar, P. Ángel Nicolás. Los cuatro a su manera me acompañaron en mis primeros años de franciscanismo.

Mi primer destino fue Lorca, donde la pastoral de la parroquia, las excursiones con los críos. Todavía recuerdo aquella pequeñaja agarrada a mi chaqueta para no caerse en el autobús de línea (las excursiones no son como ahora todo organizado, eran otros tiempos) porque no alcanzaba a garrarse a ningún sitio y que ahora ya está casada y hecha toda una madre. Fue un tiempo de aprender y de agradecer a la comunidad franciscana y a la comunidad parroquial.

Desde allí pasé a Santa Catalina, la formación, la secretaría del ITM y los fines de semana en Albacete, Almería, Cehegín, Baza, parroquias franciscanas donde los superiores me mandaban entre otras cosas a que Ángel me enseñara a bautizar porque eso era algo que solo los párrocos sabían hacer, desde el cielo se acordará de mi estampa, por recordarlo.

            No cabe duda que la mayor parte de mi ministerio se la ha llevado el Instituto Teológico de Murcia OFM y las muchas personas que han pasado por allí, como alumnos, como profesores, aquellos que han asistido a las conferencias que hemos organizado. 

Ha sido una gran labor de presencia del franciscanismo de Murcia en la sociedad y en la Universidad, ha posibilitado el diálogo con muchas personas de diferentes signos y tendencias, algunos con el deseo de acabar con nosotros, de un extremo y del otro, como si nosotros viviésemos por la competencia. 

Se equivocan, la razón de ser del ITM es la de formar a los cristianos para que la fe se refuerce y se anuncie a los demás, es la gran tarea del laico en la Iglesia, como hace unos días nos recordaba el Papa Francisco, la Iglesia necesita a los laicos formados y dispuestos al diálogo con las ciencias y con nuestra sociedad cada día más secularizada.

            Esa ha sido mi tarea en el Centro de Estudios Superiores franciscanos de España y Portugal y de momento aquí seguiremos con virtudes y bastantes defectos.

            Son veinticinco años de sacerdocio como regalo de Dios, que no puedo terminar sin hacer presente a mi tío Faustino que me enseñó que ser sacerdote es estar con el pueblo y dedicarle tiempo, y a mi primo Jorge Gerardo que también decidió seguir a Cristo desde el servicio sacerdotal.

            Sería ingrato si no recuerdo a mis padres que han estado a mi lado en este caminar franciscano y sacerdotal y a mi hermana, la vocación se la da Dios a uno pero se vive y nace en la familia y yo estoy orgulloso de la mia.

            Y como entonces, también hoy veinticinco años después, le doy las gracias a mi superior de comunidad, hemos cambiado de comunidad pero vuelve a ser mi superior tras tantos años de vivencia franciscana por el amor a la Provincia, a la Iglesia y a potenciar el ITM y sobre todo a tratar con cercanía a todas las personas que pasan por su puerta.

Ea, hasta dentro de veinticinco años.

viernes, 28 de julio de 2017

Los rostros franciscanos de la misericordia



            Estimados amigos,  os invito a leer este sencillo libro que la serie minor de la Colección Hermano Francisco nos presenta.
            El autor es sobradamente conocido en el mundo de la espiritualidad franciscana española, Fr. Francisco Javier Castro Miramontes ofm. Franciscano gallego, responsable del hogar San Francisco en Santiago dedicado a la acogida de peregrinos y autor de bastantes libros que hemos recomendado en estas páginas.
            En esta obra, el autor nos invita a releer los valores humanos desde la perspectiva franciscana, enriquecida por la misericordia.
            Es un libro que debemos leer desde el mismo prólogo en el que una especialista en medicina nos invita a encontrarnos con la siempre novedad franciscana que nos lleva a sentir la misericordia siempre desde una bajamiento hacia la creación en la que la premura del amor sea el motor del servicio y la atención del hermano, sin buscar recompensa.
            El primer paso es entender la misericordia como un regalo, por ello San Francisco siente la misericordia como esa presencia que le muestra la bondad del rostro de Dios.
            El libro nos sigue mostrando los valores cristianos donde la misericordia, el rostro de Dios se hace presente, y nos planteamos nuevamente, esos valores son humanos, no cabe duda están presentes en la Ley natural, pero que a nadie se le olvide que la revelación de Dios enriqueció al ser humano, por ello la fe cristiana no es solo teoría sino pura práctica de amor, una forma de ser y actuar.
            Pero la misericordia adquiere todo su sentido en el perdón y la reconciliación que pacifica el alma y cura heridas internas, por ello los primeros discípulos de Jesús viven desde una intensa fe y una vida de penitencia que les lleva a ser ejemplo de reconciliación con los demás.
            No cabe duda que este libro nos enseña entre otras cosas a descubrir que nuestra sociedad con todos sus avances tecnológicos sin embargo carecen, pero sin ningún sentido trascendente, sólo vivimos en el presente, nuestras relaciones con las demás personas y las criaturas cubren el momento actual cómodo y olvidadizo de un futuro por construir. No hay en definitiva, esperanza y san Francisco nos recuerda precisamente la necesidad de esa esperanza que no es otro sino Dios, ante la crisis, ante el vacío existencial Dios lo llena dando un sentido a nuestra vida.
            En definitiva, una obra en la que no sólo vemos la unión de la misericordia franciscana con las palabras del Papa Francisco, sino que como ya nos dijo Fr. Francisco Martínez Fresneda, ofm en su libro “La verdadera misericordia” en la lectura y comentario de la Carta de San Francisco a un Ministro, donde san Francisco de Asís nos interpela con su ejemplo a que radicalicemos nuestra vida en el testimonio de la misericordia, seamos capaces de escuchar a nuestros hermanos y desde la seriedad de la invitación al cambio de vida mostremos el rostro de Dios a los hombres.
            Termina el libro con el Cántico a las Criaturas, un cántico de alabanza a esa presencia cierta del Señor que nos lleva a una mirada fraterna hacia el mundo para cultivar el don y la actitud de la misericordia.