viernes, 28 de julio de 2017

Los rostros franciscanos de la misericordia



            Estimados amigos,  os invito a leer este sencillo libro que la serie minor de la Colección Hermano Francisco nos presenta.
            El autor es sobradamente conocido en el mundo de la espiritualidad franciscana española, Fr. Francisco Javier Castro Miramontes ofm. Franciscano gallego, responsable del hogar San Francisco en Santiago dedicado a la acogida de peregrinos y autor de bastantes libros que hemos recomendado en estas páginas.
            En esta obra, el autor nos invita a releer los valores humanos desde la perspectiva franciscana, enriquecida por la misericordia.
            Es un libro que debemos leer desde el mismo prólogo en el que una especialista en medicina nos invita a encontrarnos con la siempre novedad franciscana que nos lleva a sentir la misericordia siempre desde una bajamiento hacia la creación en la que la premura del amor sea el motor del servicio y la atención del hermano, sin buscar recompensa.
            El primer paso es entender la misericordia como un regalo, por ello San Francisco siente la misericordia como esa presencia que le muestra la bondad del rostro de Dios.
            El libro nos sigue mostrando los valores cristianos donde la misericordia, el rostro de Dios se hace presente, y nos planteamos nuevamente, esos valores son humanos, no cabe duda están presentes en la Ley natural, pero que a nadie se le olvide que la revelación de Dios enriqueció al ser humano, por ello la fe cristiana no es solo teoría sino pura práctica de amor, una forma de ser y actuar.
            Pero la misericordia adquiere todo su sentido en el perdón y la reconciliación que pacifica el alma y cura heridas internas, por ello los primeros discípulos de Jesús viven desde una intensa fe y una vida de penitencia que les lleva a ser ejemplo de reconciliación con los demás.
            No cabe duda que este libro nos enseña entre otras cosas a descubrir que nuestra sociedad con todos sus avances tecnológicos sin embargo carecen, pero sin ningún sentido trascendente, sólo vivimos en el presente, nuestras relaciones con las demás personas y las criaturas cubren el momento actual cómodo y olvidadizo de un futuro por construir. No hay en definitiva, esperanza y san Francisco nos recuerda precisamente la necesidad de esa esperanza que no es otro sino Dios, ante la crisis, ante el vacío existencial Dios lo llena dando un sentido a nuestra vida.
            En definitiva, una obra en la que no sólo vemos la unión de la misericordia franciscana con las palabras del Papa Francisco, sino que como ya nos dijo Fr. Francisco Martínez Fresneda, ofm en su libro “La verdadera misericordia” en la lectura y comentario de la Carta de San Francisco a un Ministro, donde san Francisco de Asís nos interpela con su ejemplo a que radicalicemos nuestra vida en el testimonio de la misericordia, seamos capaces de escuchar a nuestros hermanos y desde la seriedad de la invitación al cambio de vida mostremos el rostro de Dios a los hombres.
            Termina el libro con el Cántico a las Criaturas, un cántico de alabanza a esa presencia cierta del Señor que nos lleva a una mirada fraterna hacia el mundo para cultivar el don y la actitud de la misericordia.

sábado, 29 de abril de 2017

Desde el Sagrario del dolor



           
            Este mes os presento un libro muy especial, no sólo porque lo haya escrito un hermano franciscano, sino sobre todo porque es un libro de experiencia y de fe, de mucha fe vivida desde la realidad de una enfermedad con la que se vivió y se murió en la espera de la Resurrección.
            Fr. Ángel Nicolás nos invita en estas páginas a caminar con él en su experiencia de una enfermedad grave, como es un cáncer de esófago, y en su relato nos va mostrando como la vivió desde el momento que se lo detectaron y hasta su último destino.
            Lo primero que descubrimos al leer este libro es que lo que nos escribe no es sólo teoría, sino que es mucho más. Es hacer de la realidad un encuentro con Él. Por ello en el desarrollo de la enfermedad el autor nos muestra los diversos estados de vida por lo que va pasando. Como le cambia la vida a un enfermo de cáncer en el momento que le diagnostican la enfermedad, como parece que todo se acaba y sin embargo desde la fe, la oración y la compañía de la familia, sus buenos feligreses y amigos hace que se inicie una nueva etapa, con la que se va a vivir y se desea superar la enfermedad.
            No oculta en ningún momento el padre Ángel (como le llamaban sus feligreses) que la enfermedad no es todo esperanza, la cruz lleva oscuridad y desesperación y esos momentos hace que el hombre más lleno de fe dude y le grite al Señor. Ese grito hace que sea también un momento de oración de encuentro con Él.
            En el libro el padre Ángel también nos cuenta la experiencia que había vivido con el dolor siendo capellán del hospital de Albacete y escuchando a sus feligreses que sufren en las diversas parroquias donde la obediencia franciscana le mandó. Ese acompañamiento en la enfermedad le dio la posibilidad de acercar a Cristo a tantas gentes y al revés descubrir él la presencia del Resucitado en tantos rostros de dolor.
            Hay una parte importante en el libro que conforme se va leyendo uno va descubriendo, sin que se diga, y no es otra cosa sino la confianza que el autor tiene en Cristo, lo cual le lleva a avanzar, a obedecer, sobre todo a caminar hacia delante a pesar de los deseos de que todo acabe por no poder más con la enfermedad. Por ello este libro es un libro de fe en camino, no es la enfermedad que se supera desde la fe sino más bien es la fe que se enriquece con la enfermedad, que se hace vida y transforma a las personas enfermas y a quienes le rodean.
            También es un libro franciscano, el P. Ángel vivió su vocación franciscana de la sencillez y la minoridad y como nos indica en la obra a pesar de la dificultad nunca quiso perderla. Y se ve en la aceptación de su último destino, él sabe que Dios le deparaba algo importante allí y desde esa actitud marcha allá, dejándonos el encargo de editar esta obra y hacer que su experiencia de vida llegue a todas las personas que sufren una enfermedad de cáncer.
            En definitiva una obra muy recomendable tanto para todos los que conocimos al padre Ángel Nicolás, pero sobre todo porque es un regalo de vida y fe para quienes sufren la enfermedad y a quienes les acompañan en el silencio del dolor y en la oración ante el sagrario. 


Desde el Sagrario del dolor. La fe en camino con la enfermedad
Fr. Ángel Nicolás Soler
Ed. Espigas – Publicaciones ITM
 
           

miércoles, 25 de enero de 2017

En un lugar de la Mancha

Dicen de los manchegos que somos mitad quijotes mitad sanchos, entre la imaginación y la realidad nos movemos. 

Esa es la realidad del autor y del libro que presentamos este mes: CLAROS MENHIRES de Ildefonso Escribano de la Torre. Nace en Villanueva de Alcardete, en plena mancha toledana y desde que es ordenado sacerdote marcha a las favelas de Rio de Janeiro donde desde el año 1959 tiene su hogar y su vida entregada a los más necesitados. 

Él es el autor de este libro de poemas, como él mismo nos dice, no puede olvidar ni despegarse de su tierra y por eso estos poemas en los que la imaginación y la realidad se hacen presentes. La obra tiene como referencia los molinos de viento que cortan el perfil de esta tierra y con los que como Quijote que cabalga cada día sólo cabe pelearse y caer derrotado pero en la grandeza de levantarse sale uno vencedor. 

Ildefonso nos va mostrando, conforme desgranamos los poemas del libro, el día a día de los manchegos, para ello lo primero es presentarnos como es la tierra manchega, llana hasta cansar la vista, con el surco donde la familia manchega deja el sudor y hace que esté íntimamente unido a la tierra y donde el amanecer llena de luz la vida de los hombres y mujeres de estos lares. 

El segundo capítulo lo dedica al hombre que vive la locura del amor, con amores imposibles, con vaivenes de la vida que muestra entuertos que hay que deshacer y con estos y otros momentos nos lleva a la vida real que supera toda suerte de imaginación, al final Sancho está presente. 

El tercer capítulo nos muestra que una tierra como la manchega esta llena de detalles que construyen rincones de una vida, un ciprés, un vaso de vino, un paseo por la era, una corrida de toros, todo ello va en el ser del manchego. 

Y el capítulo central dedicado a los molinos, donde la realidad y la imaginación, que no la fantasía, se cruzan y donde ellos se muestran con diferente cara dependiendo del momento del día. 

Los últimos dos capítulos son personales de un alcardeteño y sacerdote, ese río que pasa por el pueblo y marca la vida del mismo, lugar de encuentros y de fiestas populares, lugar de juegos y mansedumbre que muestra la realidad del manchego que sin ruido cada día se levanta para trabajar y construir un nuevo mundo más justo. 

Y como buen sacerdote que estudió en el seminario de Cuenca el último capítulo lo dedica a aquella ciudad que tanto marcó a una generación de buenos sacerdotes en los que tanto Ildefonso como mi tío, compañero de curso suyo, vivieron la ciudad como un mundo a descubrir al salir del pueblo. 

En definitiva un libro de poemas escrito desde la imaginación y la realidad de una vida, lleno de vida que os invito a leer en estas tardes frías del mes de febrero. 


Read more at: https://neupic.com/articles/claros-menhires
Copyright © THE WORLD PRESS PROJECT SL

sábado, 23 de julio de 2016

La Vida Contemplativa y la renovación del Papa Francisco



Tras mucho tiempo anunciándolo, por fin se ha hecho realidad la Constitución apostólica Vultum Dei quaerere. Y como siempre pasa, se esperaba con tantas ganas que de entrada podría parecer un documento bastante liviano y tan general que nos deja a la espera de concreciones e instrucciones que lo desarrollen con mayor amplitud.

Sin embargo, una vez que se lee con detenimiento nos encontramos con un texto que sitúa la vida contemplativa en su lugar en la Iglesia y en el mundo.

De entrada, lo importante y que da un papel dentro de la Iglesia a la vida contemplativa, no es la clausura, sino la “búsqueda del rostro de Dios”. La principal diferencia con los anteriores documentos que hablaban de las monjas, remarcando que lo importante era la clausura, se recupera el auténtico sentido de la vida contemplativa.

A partir de aquí, elementos muy interesantes como el señalar que la vida contemplativa debe ser un faro para nuestro mundo, no solo para la Iglesia sino para el mundo que busca sin mirar. Su entrega a Dios por las hermanas no las lleva a olvidar la realidad y sufrimiento de los hombres y mujeres de nuestro mundo. Por ello, la insistencia tanto en la parte introductoria como en la dispositiva sobre la necesidad de compartir los momentos de oración importantes, como son la Eucaristía, la adoración ante el Santísimo, con el pueblo para mostrar esa búsqueda, ese encuentro con Cristo.

Pero sorprende más, la imperiosa necesidad e insistencia de que las monjas en su monasterio trabajen, como signo de compartir con los más pobres el que haya que trabajar para poder vivir.

Muy importante, la necesidad de las hermanas dedicadas a la formación para que se formen, se necesitan hermanas preparadas. Porque la escasez de vocaciones no puede hacer que el discernimiento vocacional y espiritual se olvide y todas las jóvenes que llamen a la puerta de los monasterios se les permita ingresar sin un acompañamiento realizado por las hermanas en el cual descubran la grandeza de la vida contemplativa en un carisma concreto. 

De ese modo también se insiste que el discernimiento debe ser realizado por cada monasterio o las hermanas encargadas por la Federación dentro de un mismo carisma, pero evitar que el discernimiento lo hagan personas (sacerdotes, consagrados, catequistas) que no forma parte de la vida del monasterio ni entienden lo que es la vida contemplativa. La llamada primera es de Dios y el acompañamiento de las hermanas.

Fruto de la escasez de vocaciones y en la necesidad de ser testimonio, la insistencia de evitar el buscar vocaciones de otros países con el único fin de mantener monasterios, es una problemática que se debe atajar y que el Santo Padre corta de raíz.

Un nuevo gran elemento que aporta el documento, es la necesidad de la federación de los monasterios. Las federaciones deben ser una herramienta para salvar la autonomía, la necesidad de una formación conjunta, la valoración de monasterios con un número exiguo  de hermanas y mayores en edad que ya no dan testimonio de lo que debe ser la vida contemplativa los cuales gracias a las federaciones pueden revitalizarse o cerrarse, si no hay más remedio.

En definitiva no es un documento cerrado sino todo lo contrario es un documento abierto a la reflexión de cada monasterio, que a partir de ahora debe tomar una determinación concreta hacia donde caminar en los elementos esenciales de la vida contemplativa que marca el Papa Francisco, y con la aprobación de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica deberán hacer realidad en instrucciones o reglamentos posteriores, que lleve a la modificación de los estatutos y reglamentos de los monasterios.

Como posible pega y que también es un valor positivo es que la parte dispositiva del documento, desde el derecho canónico, puede ser considerada como demasiado general y en derecho las cosas tan abiertas pueden llevar a confusión en su interpretación.


Por ello se hace necesario que las comunidades monásticas se pongan a la tarea que les indica el Papa Francisco y lleven a cambio la renovación de la Vida Contemplativa desde esa búsqueda del rostro de Dios, siempre en la Iglesia y sin olvidar el mundo, pero sin perder la centralidad de una vida dedicada a la oración en el encuentro con el Resucitado

jueves, 21 de abril de 2016

La verdadera misericordia



            Estimados amigos, este mes os invito a leer un libro que nos introduce en el Año de la Misericordia desde la experiencia de san Francisco de Asís. Es un ensayo del profesor Francisco Martínez Fresneda, franciscano y profesor del Instituto Teológico de Murcia OFM en torno a la carta que san Francisco dirige a un Ministro.
            Esta recomendación viene dada porque muchas veces nos dedicamos a buscar fuera de nuestra espiritualidad elementos que tenemos en nuestra propia familia y que hace que esta Carta sea el mensaje más evangélico que sobre la misericordia se haya podido enseñar.
            El estudio que hace el autor de la carta eminentemente es cristológico, no puede ser de otra forma ya que san Francisco tiene a Cristo en el centro de su vida y así quiere que sus hermanos lo vivan también. Por eso le recuerda al hermano que su vida en semejanza con Cristo lleva consigo el sufrimiento que le viene de fuera ante la incomprensión e incluso de sus mismos hermanos, también Cristo soporta este sufrimiento como signo de fidelidad al amor del Padre de una vida entregada por los demás.
            Esta respuesta no es sino la obediencia del Hijo al Padre que incluye la libertad que decide asumir el sufrimiento y la entrega por el otro, mostrando como lo ve el pensamiento franciscano una dimensión de servicio personal y social. Por tanto, la obediencia es signo de una relación de amor, a la que san Francisco invita al Ministro en su relación con los hermanos. Relación que sólo cabe que sea amorosa, de ahí que la reflexión sobre la primera parte termine hablando de la gracia: “quien no ama no ha conocido a Dios”.
            La segunda parte nos introduce en el amor y la contemplación: a pesar del sufrimiento, la recomendación de san Francisco no puede ser otra cosa que el amor y amar como Dios nos ama. Y un amor que no implica el abandono de la realidad sino todo lo contrario, una implicación doble del hombre a Dios y de Dios hacia el hombre.
            Situados en la creación y en la historia humana, san Francisco parte de una transformación personal que le lleva a seguir a Cristo pobre y crucificado. Seguimiento que implica una renovación en la vida personal sin tener que huir sino más bien asumiendo a las criaturas como buenas por ser criaturas del Creador.
            Esta visión de la creación conduce a la vida fraterna del mundo y los hombres no solo como don de Dios sino como actitud que exige el dominio personal de la soberbia y el orgullo, de tal modo que los hermanos manifiesten la humildad en su vida y palabras.
            La tercera parte de la Carta es la dedicada a la Misericordia que el Ministro debe tener siempre con el hermano díscolo, para ello el autor nos habla del triple movimiento de Dios que lleva a la compasión, consolación y misericordia y que se expresa en san Francisco al hablar de la vida nueva en el Señor, reflejada en la fraternidad lugar de expresión de la experiencia del perdón, y donde la justicia se convierte en inicio de la conversión para aquel que se arrepiente e inicia el camino de la conversión al recibir la misericordia del que lo acoge.
            La Misericordia nunca se puede entender como un acto individual sino comunitario, por ello san Francisco manda reglamentar la vida evangélica, para que nunca se olvide ni la justicia ni el amor misericordioso del Señor, único camino de la salvación.
            En definitiva, una obra importante para este Año de gracia que el Papa Francisco ha dedicado a la misericordia y una mirada a los escritos de san Francisco de Asís para encontrar el verdadero sentido de la misericordia y su expresión entre los hombres y las criaturas con Dios.