miércoles, 2 de marzo de 2011

XXIV JORNADAS DE TEOLOGÍA: FE Y RAZÓN


Comenzamos la próxima semana las XXIV Jornadas de Teología, inspirándonos en las palabras de Su Santidad Benedicto XVI: “La fe y la razón no deben separarse ni contraponerse, sino que deben estar siempre unidas. Como escribió san Agustín tras su conversión, fe y razón son “las fuerzas que nos llevan a conocer”. La armonía entre fe y razón significa sobre todo que Dios no está lejos: no está lejos de nuestra razón, de nuestra vida; está cerca de todo ser humano, cerca de nuestro corazón y de nuestra razón, si realmente nos ponemos en camino”.
Desde esta invitación a ponernos en camino para mantener viva y actual la relación entre la fe y la razón, entre el pensamiento cristiano y el secular, tratando de recuperar para la teología su lugar entre las ciencias del saber, el Instituto Teológico de Murcia OFM organiza estas Jornadas de Teología con el título Fe y Razón los días 7 al 11 de marzo.
Los ponentes serán el profesor Martín Gelabert de la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia que hablará de la Palabra de Dios y la palabra de hombre; D. Melchor Sánchez de Toca y Alameda, Subsecretario del Pontificio Consejo para la Cultura de Roma que nos hablará de la teología como mediación entre la fe y la cultura y cuáles son los principales retos y provocaciones de la cultura de hoy a la teología; D. Santiago del Cura Elena, profesor de la Facultad de Teología del Norte de España con sede en Burgos que hablará de la cuestión de Dios en el diálogo entre fe y razón; D. Paul Janz, Director del Departamento de Religión del King’s College de Londres, que hablará de la Trascendencia y las tentaciones del intelecto: algunas reflexiones sobre la integridad de la razón en la teología sistemática y práctica; terminará el ciclo de conferencias con el profesor Miguel García Baró de la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid que hablará de los símbolos fehacientes de Dios en nuestra cultura.
En definitiva una buena oportunidad para que el sureste universitario español aproveche la ocasión en la búsqueda de cauces de diálogo de la teología con la cultura actual y aliente la presencia de realidades que lleven a no contraponer la fe y la razón.
Todas las conferencias se celebrarán en el Salón de Actos del Instituto Teológico de Murcia OFM a las 7 de la tarde.

lunes, 7 de febrero de 2011

Santo Sepulcro y Belén


Ya he regresado a España, sin embargo no quería dejar pasar la ocasión de compartir los dos grandes momentos de esta peregrinación que he tenido la suerte de vivir por los Santos Lugares.
La visita al Santo Sepulcro supuso un gran momento de interiorización de los momentos importantes de nuestra fe. Poder orar ante el lugar donde fue depositado el cuerpo de Nuestro Señor es algo tan entrañable que me cuesta pensar que ningún corazón se pueda quedar frió ante semejante situación. Tuve la gran fortuna de poder estar en dos momentos, uno quizás más rápido cuando todo el grupo visitó el lugar y otro al acabar el Viacrucis, como franciscano pude disponer de algunos minutos más. Visitar dentro de la misma basílica el Calvario y también orar ante el lugar donde fue crucificado Cristo no cabe duda que hacen de esta peregrinación un momento de plenitud.
Pero estos dos grandes acontecimientos los quiero unir con el rezo del Viacrucis, creo que en Jerusalén no ha caído tanta agua desde el día del diluvio, sin embargo los franciscanos con los peregrinos que estaban dispuestos recorrimos el camino de la Vía Dolorosa hasta el Santo Sepulcro, y bajo la lluvia siempre recordaré la sonrisa de satisfacción de una buena mujer que con sus dos bastones y un chubasquero se sentía feliz de poder realizar este ejercicio. Esta es la fe del pueblo que se siente acompañada por Dios y siente su fuerza y amor para superar las dificultades.
Pero como no hay muerte sin nacimiento el poder venerar el lugar donde nació Jesús no tiene tampoco desperdicio, si bien el templo da la sensación de dejadez, lo cuidan los cristianos ortodoxos y deja mucho que desear ese cuidado, pero como lo importante no es el adorno sino el contenido el lugar de Belén y el Campo de los Pastores donde presidí la Eucaristía de ese día no hace sino agrandar el hecho de proclamar todos los días del año el Nacimiento de Jesús, pero sobre todo el reconocer como los pastores que ahora nos corresponde anunciar el nacimiento del Señor desde la sencillez y la humildad de sabernos hijos de Dios a los que el Ángel nos anuncia el nacimiento.
No cabe duda que han sido unos días llenos de intensidad en la vida de la fe, llegue con una forma de pensar sobre los Santos lugares que me han cambiado a lo largo de esta peregrinación, y desde luego que desde hoy la lectura del Evangelio no podrá ser igual, un conjunto de vivencias se harán presentes recordando el camino de fe recorrido estos días.

martes, 1 de febrero de 2011

Primer día en Jerusalén


Hoy es el primer día que hemos visitado Jerusalén. Y desde luego la sensación de la visita ha suscitado sentimientos bien distintos. Por un lado sí se mira desde los edificios no cabe duda que uno piensa que esto no es otra cosa que turismo de santuarios, visitas iglesias construidas en los años 50, muy lejanas a los verdaderos lugares por donde camino Cristo.
Sin embargo, cuando uno se para se da cuenta que lo importante no está en los edificios sino en que esta es la tierra de Jesús, por ella él caminó y predicó, en ella lloró y murió.
Cuando celebras la Eucaristía en la Iglesia del Dominus flevit comprendes porque Jesús lloró al contemplar Jerusalén y vaticinar los sufrimientos de esa ciudad. Desde allí se contempla de un vistazo toda la ciudad y con alguien que cada vez que subía a Jerusalén se agotaba por el sufrimiento que llevaba el continuo enfrentamiento con el poder religioso judío que hacía de su templo un lugar de perdición olvidándose que era la casa de Dios.
Jesús necesita a sus discípulos, con ellos ora, les enseña a orar y en el monte de los olivos comparte su pensamiento y, porque no, critica a aquellos que no muestran el rostro misericordioso de Dios. Cuando uno reza el padre nuestro en la Iglesia de ese nombre, siente que él nos enseña a orar pero a nosotros nos toca enseñar a rezarlo desde el corazón y la sinceridad de nuestra vida de cristianos.
El culmen de la oración en este día es cuando llegas a Getsemaní y en la Iglesia oras en la piedra en la que Jesús sufrió la agonía de sentirse sólo, únicamente acompañado por la presencia silenciosa pero acogedora del Padre. Cuando besas la piedra sientes el frío de la soledad del sufrimiento, pero también la fuerza que a nuestra vida le da la compañía del amor del Padre.
En el Cenáculo, sucede como decía al principio que la obra arquitectónica nada tiene que ver con el lugar donde los apóstoles cenaron y recibieron al Espíritu Santo, pero eso es lo de menos, lo importante es que cuando lees el evangelio de la última cena o de la venida del Espíritu sobre los apóstoles, o la primera aparición de Jesús a todos ellos reunidos, a uno no le importa el edificio, sino que ese es el lugar, es la tierra donde Jesús hizo lo que allí se lee y te lleva a sentir que también nosotros recibimos el Espíritu, recordamos la misión del servicio de anunciar a Cristo ante el cual no podemos, ni debemos callar.
Termina el día en San Pedro in Gallicantu, lugar del palacio de Caifás y allí ves la escala santa que Jesús la noche del Jueves subió y bajo en varias ocasiones, cuando iba al cenáculo, cuando bajó a orar al huerto de los olivos y cuando lo llevaron al palacio de Caifás y de allí al palacio de Pilatos. Esta escalera sí es de la época de Jesús y cuando visitas la cárcel donde Jesús estuvo en algún momento de esa terrible noche y siente de nuevo el frío de la soledad y el abandono de todos, incluidos aquellos que más cerca estaban de él. Cuando entras a ese agujero sólo cabe orar y reconocer las veces que a lo largo de nuestra vida lo dejamos sólo.
En definitiva éste día a los cristianos que visitamos esta tierra nos fortalece y nos debe comprometer a vivir y sobre todo testimoniar todo aquello que Cristo ha hecho por nosotros, porque es en esta tierra donde él nos los dijo por primera vez.

domingo, 30 de enero de 2011

Primeros días en Tierra Santa


Llegó este viaje como quien no quiere la cosa, el lunes de la semana pasada me confirmaban que venía a Tierra Santa y el viernes montaba en el avión para estas tierras. Me envolvía un doble pensamiento, por un lado todo el mundo decía que esta es una experiencia grandiosa llena de momentos que se viven casi siempre sólo una vez en la vida, que pisas la tierra de Nuestro Señor y que se leen los relatos evangélicos de otra manera como que ves el mismo lago donde pescaron los apóstoles, caminas por los pueblos donde María caminaba, realizaba las tareas de su vida, ves como sería su casa la de San Pedro, se entiende mejor como descolgaron al paralítico, etc. Pero sin embargo cuando me montaba en el avión nada de eso pasaba por mi cabeza, más bien parecía como que me iba de vacaciones a un lugar lejano y sin mayores pretensiones.
Lo cierto es que cuando llegas aquí todo cambia, no de golpe sino como son las obras de Dios, poco a poco. Celebras la eucaristía en la casa de María, o en la de San Pedro. Oras en esa Iglesia que nos recuerda la anunciación del ángel a la Virgen y algo empieza a calentarse en tu corazón. Te sientes un privilegiado y dejas que tus odios vayan llenándose de las palabras de Jesús, que además en esta tierra las vas leyendo como si las escuchases.
No es lo importante la arqueología, no es lo fundamental que las calles por donde caminó Jesús estén a muchos metros de profundidad, lo importante es que es su tierra, su gente con una historia detrás de ellos, una historia de conflictos, pero también una tierra prometida a la que sólo se llega si se tiene esperanza.
Mañana marchamos hacia Jerusalén, estos días hemos estado en Tiberiades, caminando y orando por Nazareth, el lago de Tiberiades, Cafarnaun, el monte Tabor, lugar de la Transfiguración.
Pero si tengo que destacar una pena, es la que he sentido al visitar Naim donde Jesús resucitó al hijo de la viuda. Allí solo hay una pequeña capilla levantada por los franciscanos, la atienden ellos mismos del monte Tabor, pero lo triste es que en ese pueblo ahora mismo no hay ni un solo cristiano, han tirado la casa de la mujer musulmana que tenía la llave de la capilla y todo los alrededores de la capilla son un basurero, donde cada vecino tira lo que le sobra.
Sin embargo al lado puedes ver una mezquita bien cuidada en sus alrededores y limpia por dentro. Esta situación me recuerda que pocos son los cristianos que hay en estas tierras y mucho lo que hacen para que la fe se mantenga en los Santos Lugares, pero en aquellas poblaciones donde no hay presencia cristiana, no tardan en hacer desaparecer todo vestigio de la presencia de Jesús de Nazareth. No es nada nuevo, lo sabemos, los cristianos de esta tierra siempre han tenido que luchar para poder mantener su fe. Por eso ahora más si cabe, la oración por los cristianos perseguidos alcanza dentro de mí un mayor sentido.

domingo, 16 de enero de 2011

¿Donde están los cristianos?


Soy poco propenso a pensar que la Iglesia está siendo perseguida en nuestra sociedad española, siempre digo que lo que nos falta es una mayor presencia de los cristianos en medio de ella y por supuesto el quitarnos la capa de complejos que nos cubre.
En esta semana hemos visto como se ha prohibido la celebración de la Eucaristía en la universidad de Barcelona, bajo el pretexto de no poder proteger la seguridad de los que en ella participasen, acaso puede haber excusa más burda que esa. Las autoridades civiles y de la universidad se han quitado un problema del medio y quizás hayan ganado espacio en la universidad y dentro de poco veamos lo que ahora es capilla convertida en comedor universitario. Y digo yo, los estudiantes y profesores católicos y cristianos de la universidad porque no han hecho una protesta ante el rectorado, o mejor todavía una celebración de la Eucaristía todos los días sin temor a las represalias.
Como digo nos falta a los cristianos creernos lo que somos y mostrarlo, es hora de defender que también nosotros tenemos derecho a vivir nuestra fe de un modo público, igual que se está favoreciendo a otras comunidades religiosas con poco tradición en Cataluña, o debería recordar quiénes son y para que nacen los almogavers (y no me refiero a los ultras del barça).
Pero es que hay más, han estado a punto de cerrar la basílica del Valle de los Caídos, y gracias a la respuesta de los fieles y de la comunidad benedictina ya se está celebrando la Eucaristía en el interior de la misma.
Ahora una obra de teatro donde se burlan de la crucifixión del Señor, subvencionada con dinero de todos y representada en el Centro Dramático Nacional. Tienen que denunciarlo un partido extremista, cuando todas las asociaciones cristianas de Madrid callan, no vaya a ser que las llamen retrogradas.
En definitiva un gobierno como el nuestro que tanto habla de libertades se está cargando la libertad religiosa, y lo que es peor gracias a que los cristianos nos callamos y les dejamos hacer permitiendo que cada vez se vean más comprometidas las prácticas públicas de nuestra fe.
No se trata de enfrentarnos unos contra otros, es hora que los cristianos vivamos nuestra fe sin miedo, denunciemos la hipocresía de los mal llamados progres y perdamos la vergüenza a que nos señalen con el dedo por ser coherentes. Se trata como dice Monseñor Fernando Sebastián en su último libro de que hagamos de nuestras comunidades lugar de evangelización, que hasta ahora no lo hemos hecho y hemos permitido un mundo secularizado y descristianizado. No podemos permitir sin más que los jóvenes construyan su vida al margen de la relación vital con Cristo. Debemos recordar que nuestra gran tarea es la misión en el mundo y para ello necesitamos una conversión personal.

viernes, 24 de diciembre de 2010

FELIZ NAVIDAD


Feliz Navidad, escuchamos por todas partes en estos días, es un deseo, una ilusión, no sólo unas palabras vacías, sin sentido. Es Navidad porque Cristo nace en nosotros, sin Él no tienen sentido estas fiestas. Es Navidad para las buenas gentes que inundan el mundo.
Por eso estas fiestas van más allá de lo meramente comercial, por eso mucha gente que está sufriendo la crisis económica sin embargo ellos también gozarán de la Navidad, recordarán que celebramos que el Hijo de Dios nació en un pesebre, pues nadie le dio cobijo. Enseñarán y les harán ver a sus hijos que lo importante es que, aunque no tengan ricos manjares en la mesa, la familia está unida y se quiere y juntos superarán las dificultades.
Es Navidad para aquellos que han perdido en este año a un ser querido, sobre todo aquellos que lo han perdido de repente, por una enfermedad, un accidente, sin poder despedirse de ellos, y su corazón y sus ojos están llenos de lágrimas, sin embargo recordarán que Jesús, el Niño que nace, nos trae la esperanza, esperanza cristiana que es luz, que nos acompaña y no nos deja solos en medio de tanta oscuridad y preguntas sin respuesta.
Es Navidad para aquellos que sufren la crisis de valores de nuestra sociedad, que están vacíos, y necesitan llenarse de cosas para sentirse importantes, para ellos los cristianos debemos ofrecerles con nuestras vidas un sentido nuevo, no nuestro sentido sino el de Cristo que nace para todos sin diferencia, incluso para aquel que lo odia.
Es Navidad para los que desde la familia, la fraternidad religiosa, la comunidad parroquial vamos a celebrar el nacimiento de quien nos bendice cada día en las pequeñas cosas que vivimos y que lo hacemos porque somos cristianos y aceptamos que Él nazca dentro de nosotros.
Es Navidad para todos, así pues, ¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

Respuestas de Lerma

Si la pasada semana planteaba una serie de cuestiones que no quedaban claras ante el nuevo Instituto erigido en Lerma, hoy se hacen públicas desde la Comunidad de Hermanas de Lerma un comunicado donde dan respuestas a lo allí planteado, igual que preguntaba en su momento hoy me hago eco de las respuestas publicadas en la agencia de información Zenit por el Instituto religioso "Iesu Communio".
Aspectos principales de la aprobación del instituto “Iesu Communio”
ASPECTOS PRINCIPALES DE LA APROBACIÓN
DEL INSTITUTO RELIGIOSO “IESU COMMUNIO”
(Nota informativa de la comunidad de Hermanas de Lerma-La Aguilera, 22.12.10)
En la audiencia concedida el pasado 4 de diciembre al Cardenal Franc Rodé, Su Santidad el Papa Benedicto XVI, tras oír el parecer favorable del Dicasterio, dio su beneplácito a la resolución propuesta por el Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada. En consecuencia, dicha Congregación emite el Decreto fechado el 8 de diciembre de 2010, Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, que contiene las siguientes disposiciones principales:
1. El monasterio autónomo de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo, de Lerma, se transforma en un nuevo instituto religioso de derecho pontificio, denominado “Iesu communio”.
2. En el mismo acto se aprueban y confirman las Constituciones del nuevo instituto ad experimentum por cinco años, conforme a la praxis habitual. Durante este tiempo debe experimentarse si las normas e instrumentos previstos en la redacción aprobada resultan suficientes para ordenar la vida y misión del instituto o es preciso revisarlas o completarlas en algún aspecto antes de su aprobación definitiva.
En ejecución de dicha decisión:
—Se declara extinguido a todos los efectos canónicos el monasterio autónomo y, conforme a lo previsto para ese caso por las Constituciones Generales de la Orden de las Hermanas Pobres de Santa Clara, la Santa Sede dispone que su patrimonio, activo y pasivo, pase al nuevo instituto religioso.
—Por gracia de la Sede Apostólica, las hermanas que han hecho su profesión solemne o temporal en el monasterio extinguido, conservan en el nuevo instituto la condición respectiva de profesas solemnes o temporales, con los derechos y deberes establecidos por el derecho universal y las Constituciones del instituto religioso “Iesu communio”. Se procede análogamente, respecto a las hermanas que aún no habían profesado en la fecha del Decreto, con los tiempos de postulantado y noviciado transcurridos.
—A las hermanas que por ancianidad, salud u otros motivos fundados así lo pidan, se les concede por indulto especial de la Santa Sede la facultad de continuar como monjas clarisas, sin la obligación de pasar al nuevo instituto o a otro monasterio; y de permanecer unidas a la comunidad con derecho de voz activa en el Capítulo y con los deberes adecuados a su edad y salud.
—La Madre Verónica María Berzosa es reconocida como Fundadora y confirmada como Superiora general del nuevo instituto. Se confirma asimismo en sus cargos a la Vicaria y a las demás hermanas que forman el Consejo.
—Finalmente, se encomienda al Arzobispo de Burgos el especial cuidado y vigilancia de la vida del nuevo instituto, sin perjuicio de la autonomía de vida y gobierno propia de un instituto religioso, por un periodo de cinco años, durante los cuales se le pide que informe anualmente a la Congregación de su desarrollo.
El Decreto concluye expresando el deseo de que, “fieles a la vocación recibida y dóciles a la acción del Espíritu, los miembros del instituto ‘Iesu communio’ sean, en la Iglesia y para el mundo, signo vivo del amor de Dios, manifestado en Jesucristo, crucificado y resucitado”.
UN ÚNICO PROYECTO: SECUNDAR EL QUERER DE DIOS
Suplicando la luz del Espíritu Santo, queremos releer con vosotros, en este momento de nuestro peregrinar, lo que el Señor ha venido haciendo en esta comunidad, como don de Dios que se nos está concediendo vivir. Hoy resuenan en nosotras, con especial fuerza, las palabras de Jesús: “La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. Vuestra alegría nadie os la podrá quitar” (Jn 16, 21). Nos sentimos pobres criaturas con el único deseo de vivir el don de Dios.
Los comienzos
Ha sido un largo camino el que nos ha traído hasta el día de hoy. Quien sólo haya conocido las últimas noticias podría tener la impresión de que nuestra vida ha cambiado de la noche a la mañana, pero no es ése el caso. Dios ha ido sembrando y trabajando este designio suyo día a día, durante bastantes años, en medio, sin duda, de nuestra fragilidad.
En la comunidad de Lerma, por pura gracia, que no es posible reducir a explicaciones humanas, comenzó a darse un crecimiento de vocaciones, que nos llenaba de asombro también a nosotras mismas. Dentro de una comunidad de Damas Pobres de Santa Clara, de modo sereno y paulatino, algo estaba naciendo. Bebíamos de San Francisco y de Santa Clara, pero también de los Padres de la Iglesia, de los santos, de los maestros y teólogos de la Iglesia y, por supuesto, del Magisterio, muy especialmente el de los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI, a quienes amamos entrañablemente. Muchas de nosotras hemos sentido la llamada a la consagración en las Jornadas Mundiales de la Juventud.
Nuestra situación actual no es resultado de la negación de un carisma radiante como el de San Francisco y Santa Clara, en cuyo seno se han generado y seguirán generándose grandes santos. Si, aparte de la Madre del Señor, tuviésemos que afirmar una mujer apasionadamente enamorada de Jesucristo, tenemos grabado en lo más hondo la figura de Santa Clara: hija, mujer, esposa y madre según el corazón de Cristo. Sus cartas han sellado en nosotras la certeza de que la consagración es un camino de plenitud, de bienaventuranza, vivido en “un amor incomparable” (Sta. Clara, Carta III). Esta inquebrantable certeza, con la gracia de Dios, ha sostenido nuestra perseverancia en la vida consagrada. El franciscanismo ha sido la cuna en la que Dios ha querido que surja una nueva forma de vida.
No se trata de una negación, sino de la afirmación y acogida, en obediencia, de un designio de Dios sobre la vida de esta comunidad, que se perfilaba como una vida contemplativa que se hace presencia y testimonio. Siempre han resonado en nosotras las palabras que Juan Pablo II dirigió en Ávila a las religiosas contemplativas: “Consientan vuestros monasterios en abrirse a los que tienen sed. Vuestros monasterios son lugares sagrados y podrán ser también centros de acogida cristiana para aquellas personas, sobre todo jóvenes, que van buscando una vida sencilla y transparente en contraste de la que les ofrece la sociedad de consumo”.
A lo largo del camino, se han alzado voces, no siempre afectuosas ni respetuosas, pero muchas veces también sencillas y desconcertadas, que no comprendían lo que estaba sucediendo. Hemos sentido siempre un vivo dolor al oír que hacíamos mal y hasta traición a la Orden por secundar la llamada a una vida que no observaba estrictamente la Regla de las Clarisas. Incluso algunas voces que decían que no éramos verdaderas Clarisas, eran las mismas que nos pedían a la vez que enviásemos hermanas a sus conventos. Nunca nos ha dejado indiferentes la reiterada petición de que las hermanas de una comunidad, que iba haciéndose tan numerosa, fuesen repartidas por los diversos monasterios de Clarisas. Pero no era posible, en conciencia y ante Dios, acceder a esas demandas, porque las vocaciones que iban surgiendo se sentían llamadas a abrazar precisamente esta forma de vida que acaba de ser aprobada.
Cuando nuestras hermanas de los monasterios de Briviesca y Nofuentes, necesitadas de ayuda por su avanzada edad, nos pidieron con toda sencillez que las acogiéramos entre nosotras, les explicamos lo que estaba aconteciendo en nuestra comunidad; ellas lo aceptaron y su llegada ha sido una bendición para nuestra casa.
Discernimiento y aprobación
Dios, poco a poco, ha ido desvelando su designio sobre nuestra comunidad. Pero este peregrinar, movido únicamente por el deseo de secundar dócilmente su querer, podía ser una mera ilusión sin el discernimiento y la aprobación de la Iglesia. Llevamos grabadas a fuego las palabras de Santa Clara: “Vivid siempre fieles y sujetas a los pies de la Madre Iglesia”.
El rápido y continuo crecimiento de la comunidad hizo que el espacio vital de nuestro monasterio de Lerma resultara gravemente insuficiente. Por otro lado, crecía también el número de peregrinos que se acercaban a nuestros locutorios con un único deseo en el corazón: “Queremos ver a Jesús” (Jn 12, 21); y por tanto, necesitábamos con urgencia espacios adecuados. Tras llamar a muchas puertas, sólo apareció un lugar con posibilidades realistas: el convento de San Pedro Regalado de La Aguilera (Burgos), además muy cercano a Lerma. En un primer momento, los hermanos franciscanos, con la firma de dos contratos complementarios, nos cedieron su uso por treinta años a cambio de una contraprestación económica que debería pagarse cuando se pudiera vender el convento de Briviesca. El convento de La Aguilera, aunque ofrecía el necesario espacio, llevaba mucho tiempo casi deshabitado y se hallaba en un estado de grave deterioro, que hizo necesario emprender una obra de saneamiento muy importante. Un bienhechor quiso hacerse cargo de la reconstrucción.
Pero la comunidad seguía creciendo y nos veíamos en la necesidad de realizar ampliaciones que no era prudente acometer con la incertidumbre de si sería posible seguir usando el lugar cuando transcurriera el tiempo de la cesión. Creímos oportuno, por eso, pedir a la Provincia franciscana que nos vendiera el convento de La Aguilera. La Provincia nos comunicó su aceptación y las condiciones poco después; y con la ayuda de bienhechores —muchos de ellos, como la viuda del Evangelio, incluso “nos daban de lo que tenían para vivir”— se formalizó la compra, y poco a poco lo vamos pagando.
Cuando una parte de la comunidad iba a pasar a La Aguilera, solicitamos autorización a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada para poder ser una única Comunidad en dos sedes diferentes y con un único gobierno y una única casa de formación. El Cardenal Rodé, Prefecto de la Congregación, respondió: “Este Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada ha decidido acoger su instancia, en espera de que la Comunidad llegue serenamente a una mayor claridad respecto a lo que se sienten llamadas a realizar. Tal concesión es válida por tres años, con el ruego de enviar anualmente una relación a este Dicasterio”.
Nuestro Arzobispo, padre y pastor de la Diócesis, D. Francisco Gil Hellín, nos aconsejó que pusiésemos por escrito la realidad que se estaba viviendo en nuestra comunidad. Durante casi un año de oración, discernimiento y trabajo, fuimos redactando el texto de unas Constituciones. No era cuestión de idear conforme a un modelo unos Estatutos con más o menos acierto práctico, ni de elaborar un calculado proyecto de futuro. Se trataba de procurar plasmar por escrito los aspectos esenciales de la vida que ya venía viviendo la comunidad desde hacía más de diecisiete años.
Una vez acabada la redacción, se convocó un Capítulo, bajo la presidencia del Sr. Arzobispo, para que la comunidad se pronunciara sobre la oportunidad de poner en manos de la Santa Sede nuestra forma de vida, tal como quedaba expresada en el Proyecto de Constituciones. Se dio lectura del documento a toda la comunidad, con las oportunas explicaciones y dando respuesta a las preguntas que se iban planteando. Teniendo en cuenta la trascendencia del momento, se pidió en primer lugar que se pronunciaran en votación secreta, antes de abandonar la sala capitular, las hermanas que no forman parte del Capítulo, es decir, profesas temporales, novicias y postulantes. Aunque esa votación no tenía valor jurídico, parecía necesario que se expresaran en conciencia sobre el paso que la comunidad estaba decidiendo. A continuación tuvo lugar la votación del Capítulo propiamente dicha y se escrutaron por separado los resultados de las dos votaciones. Ambas asintieron por unanimidad a que los documentos que reflejaban nuestra forma de vivir fueran presentados ante la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada.
El pasado 4 de diciembre, nuestro Sr. Arzobispo nos comunicó con gozo que el Santo Padre Benedicto XVI, oído el parecer favorable de la Congregación, había manifestado su beneplácito para que las Constituciones fueran aprobadas y nuestra comunidad fuera transformada en un nuevo instituto religioso de derecho pontificio con el nombre de “Iesu communio”. El correspondiente Decreto de la Congregación está firmado el día de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.
Las hermanas nos llenamos de alegría, porque la Madre Iglesia había discernido y aprobado nuestra forma de vivir, y confirmaba su nacimiento, con el deseo de que sea acogido y cuidado por la comunidad eclesial sin sombras ni sospechas.
“Iesu communio”
Quienes nos habéis conocido y habéis leído el libro Ven y verás, tendréis muy vivas estas experiencias expresadas por las hermanas, una tras otra: “Queremos hacer presente a Jesús, la victoria del Resucitado, lo que Él ha hecho y está haciendo día tras día con nosotras; nos experimentamos gozosamente como piedrecillas de un mosaico que no se entienden separadamente sino llamadas a hacer presente en comunión una única Vida: Jesús”. La propia misión es ser “comunión de Jesús”, “Iesu communio”, comunión que brota del don de Jesucristo y se hace testimonio de la unidad en la caridad y manifestación de que el Espíritu convoca a los dispares y a los dispersos para que sean un solo corazón y una sola alma.
Como religiosas contemplativas, las hermanas nos sentimos llamadas a ser por entero de Jesucristo, a estar con Él y permanecer en vela para orar sin interrupción por los hijos que nos han sido confiados: “Que ninguno se pierda” (Jn 6, 39). Ser posada del Buen Samaritano, una casa abierta, donde los peregrinos sedientos y heridos puedan encontrarse con Jesucristo Redentor y experimentar que han sido acogidos en la oración y presentados al Padre, esperados como hijos por la Madre Iglesia; lugar de encuentro para avivar en comunión nuestra fe hasta hacer arder el deseo de santidad como plenitud de vida.
A quienes nos habéis acompañado en el camino y a toda la Iglesia os pedimos vuestra oración para vivir la misión que, por voluntad de Dios, la Iglesia nos ha confiado. Hoy más que nunca somos conscientes de nuestra fragilidad, pero avanzamos fiadas en la promesa de que el Espíritu Santo llevará a feliz término lo que ha comenzado en nosotras, porque para Dios nada hay imposible.
Somos hijas de la Iglesia; creemos y esperamos en la comunión de los santos; en ella queremos vivir, madurar y abrazar el don del seguimiento a Cristo hasta el fin, porque ¿a quién vamos a seguir? Sólo Jesucristo tiene promesa de vida eterna, sólo Él nos explica la vida. Según la palabra y experiencia de nuestro Santo Padre Benedicto XVI: “Quien deja entrar a Cristo en la propia vida no pierde nada, nada, absolutamente nada de lo que hace la vida libre, bella y grande”.
Gracias, Jesucristo; gracias, Madre Iglesia.
Hermanas Iesu communio
La Aguilera-Lerma